Mirar hacia atrás… para ver hacia adelante!


Nuestro futuro es desafiante… el tuyo y el mío. Así es. Piénsalo. Para quienes tienen claro lo que Dios quiere de ellos, el futuro suele parecer imposible. No importa si se trata de establecer una iglesia, criar una familia, iniciar un negocio, comenzar un ministerio, generar un movimiento que traiga fruto para el Rey, o mover tu familia al campo misionero; siempre (siempre, siempre, siempre… ¡siempre!) requiere de “mucho”. Nada de lo que Dios pide demanda “poco”. Mucho trabajo, mucho sacrificio, mucho dinero, mucho esfuerzo, mucho estudio… mucho, simplemente mucho. De hecho, el término que Dios usa en su Palabra es la máxima expresión para indicar “mucho” (Mateo 22:37). Esa palabra es “todo”. Quien tiene a un dios que pide poco (así, dios con “d” minúscula), no conoce al Dios de la Biblia. Jesús lo pide todo porque se merece todo: Todo tu corazón, toda tu alma, toda tu mente, todas tus fuerzas. Pero, aun con todas nuestras fuerzas, la visión que viene de Dios es imposible de lograr sin su ayuda. Nadie tiene tanto como lo mucho que el todo de Dios demanda. Por eso, esta tarde te propongo que hay que mirar hacia atrás para ver con confianza hacia adelante y soñar que podemos lograr la visión de Dios.
Te explico.

Mira hacia atrás, pero hazlo de la manera correcta. Mira hacia atrás y descubre a Dios en su gracia. A veces, solamente a veces, me parece que vivimos en una sociedad en la que el individuo sobrevalora el pasado. O, más bien dicho, solamente valora su pasado para justificar su presente: resentimientos, frustraciones, traumas, manías, taras, conductas desviadas, o cualquier obstáculo incapacitante en su realidad actual. No cometas tal error. Soy uno que cree que debemos ser fieles estudiantes de la historia para -precisamente- evitar cometer los mismos errores del pasado. Mira al pasado y busca la gracia de Dios. La Biblia da dos declaraciones en Isaías que deben ser sopesadas con cuidado. Por un lado, dice que no debes ver tu pasado para desanimarte. Isaías 43:16-19 advierte:

Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Por el otro, sí debemos ver hacia el pasado para comprobar que Dios está con nosotros y que -en sus fuerzas- todo es posible. Isaías 46:9-10 dicen textualmente:

Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”

Pensando en lo que Dios me ha pedido a mí hacer en el futuro, escojo ver hacia el pasado y veo la gracia de Dios que tantas veces he disfrutado. Esa gracia tiene múltiples manifestaciones. Lo veo (y lo disfruto) por la esposa que me dio y la familia de la que me ha permitido ser parte. Lo veo en nuestra Iglesia. Veo su poder y la sabiduría con la que él ha decidido desplegar tal poder (hmmm… “dosificarlo” puede ser una mejor palabra) en mi vida diaria y en la de los que me rodean. Veo que el dinero nunca ha sido un problema fundamental para la Causa, aunque todo el tiempo sea un elemento para mantener mis pequeñas causas en segundo plano. Veo sus oportunidades, su paciencia y su creatividad para fraguar los planes necesarios y entretejerlos en mi vida sin que yo mismo lo note. Veo como me hace crecer como su súbdito mientras me enseña a decrecer como persona. Veo su delicadeza y su cuidado de los suyos cuando en nuestra inmadurez, insensatez o incapacidad no damos el ancho y caemos en fracasos… y, una vez más, su gracia nos levanta.

Entonces, al considerar la gracia de Dios en el pasado, el futuro parece mucho menos imposible.  Siempre demandará mucho… todo. Espero, con todo mi corazón, que veas así a Dios. De otra manera serás incapaz de atacar la visión que Dios tenga para tu vida con la pasión que ésta requiere y -lamentablemente- desperdiciarás, en lo que a la luz de la eternidad son pequeñeces, la esencia misma de tu vida.

Esta vida es demasiado corta y los recursos son demasiado valiosos para que se desperdicien en lo que no tiene consecuencias eternas. No se qué te tiene haciendo Dios… pero si él te lo dio, vale la pena. Mira hacia atrás, date cuenta de la gracia de Dios y enfrenta el futuro con la plena confianza de quienes están sostenidos por Su poder.

Recibe un abrazo desde el fondo de mi alma…

 

J.-