Valiente de Corazón…


valiente de corazón_anuncio.jpg¡Hola! Sí, he decidido “volver a escribir” …aunque sea de vez en cuando. En un sentido, aunque hayan pasado más de tres años desde mi último post y casi cuatro desde que cerré la escritura diaria, creo que -en realidad- nunca me fui. Mucho ha pasado desde mi intensa fase de bloguero (escribí unas 600 palabras por entrada por más de 2,200 noches continuas)… pero, en el fondo, en la esencia, siento que nunca realmente me separé de tantos con los que llegamos a compartir estas líneas. Es posible que en futuros posts te cuente un poco de lo que han sido estos muy intensos años. Baste esta noche con decir que han sido muy buenos… marcados por la inmerecida gracia de Dios que nos ha permitido a Patty y a mí navegar por un interesante mar de desafíos ministeriales. Algún día de estos te contaré.

Esta noche, es algo diferente lo que acapara mi corazón. A causa de la serie que comenzaremos este domingo en VidaNueva San Salvador, he estado inmerso en el estudio de la vida de David… particularmente en la fase en la que él aún no era rey, el tiempo en el que su vida todavía reflejaba la inocencia de aquellos que sabiéndose pequeños y con pocas fuerzas deciden creer en un Dios que es mayor que cualquiera de los desafíos que puedan enfrentar. El profeta Samuel no creyó que él diera el ancho (ni la estatura debida). Hasta su papá y sus hermanos creían que David era un muchacho de poca monta. El malvado rey Saúl -el mismísimo representante de nuestra vieja naturaleza- no solo pensó que David no era capaz… sino que le llegó a envidiar, perseguir y asechar por causa de los inusitados logros del pastorcillo de ovejas que decidió creer que un Dios grande era capaz de resolver cualquier problema. No importaba si era un gigante, un oso, un león, un rey envidioso sediento de sangre, una familia que no le apoyaba o la desesperante situación de un injusto exilio en el desierto.

David creía que Dios era capaz. Tal fe le permitió llegar a ser valiente de corazón. Su Dios no era pequeño.

Esta noche pienso que los cristianos de nuestro tiempo somos seres curiosos. Quisiéramos tener la fe que enfrenta un oso sin estar (¡jamás!) frente al ataque de tal feroz animal. Tú sabes. Deseamos fe sin costo, valor sin riesgo y crecimiento sin pruebas. No te lo oculto: yo quiero ser como el David de esta etapa. Deseo enfrentar las circunstancias que me rodean al lado de un Dios que es capaz de derrotar lo que sea. Sé que estoy lejos, pero lo deseo de todas maneras. No me mal interpretes… soy -cómo tú- un creyente normal… no quiero tener las circunstancias de David (me refiero a los problemas)… pero me encantaría tener su fe, su relación con Dios, su arrojo, su coraje, su valentía. ¿Por qué no decirlo?, su éxito espiritual.

David me inspira. Cómo espero que nos inspirará a todos en nuestra iglesia en los próximos meses. Este domingo iniciaremos el proceso de conocerle a fondo. Si eres parte de VidaNueva -o si decides visitarnos uno de estos próximos domingos- espero que tú también termines aprendiendo a ser un valiente de corazón.

Después de todo, David no está pero el Dios de David sigue siendo el mismo.
Es solamente cuestión de creer en Él.

Por cierto, que bien se siente volver a escribir.

Recibe un abrazo desde el fondo de mi alma…

 

J.-