Un panegírico desde la conciencia…

Las noticias volaron durante todo el día… hoy murió Pablo Edwin Finkenbinder, conocido por todo el mundo cristiano en América Latina como “el Hermano Pablo” y que impactó a generaciones por medio de su programa de radio (y columna periodística) llamado “Un mensaje a la conciencia”. Un hombre intachable, de esos “que ya no se hacen”, con una vida completa al servicio de Dios en compañía de su esposa (estuvieron casados 70 años y en el ministerio los mismos 70)… fue un pionero en el área de las comunicaciones cristianas, produciendo cine, radio y TV hace más de 50 años desde su amado El Salvador, el campo misionero que le vio convertirse en una figura de influencia continental en tiempos en los que trascender fronteras era poco menos que imposible… especialmente para “un evangélico”.

Yo le conocí brevemente hace un poco más de una década, cuando junto con Patty asistimos a una cena en su honor en la que los esposos Finkenbinder dieron testimonio de  ”los secretos espirituales” que les habían llevado a cumplir por entonces 60 años de matrimonio. Fue una noche inolvidable… todavía atesoramos algunas de las simples verdades que ambos compartieron esa noche.

No soy muy aficionado a hacer homenajes a siervos de Dios… creo que son eso… siervos. Pero en el caso del hermano Pablo, siento que es debido darle honor al que honor merece. Él es uno de esos casos en los que es fácil declarar que “su vivir fue Cristo y su morir le es ganancia”.
Ya está en el cielo… ya vio el rostro de Jesús. No me cuesta imaginar que el Rey le recibió diciendo: “Bien hecho, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré… entra en el gozo de tu Señor”

Ha muerto un gran hombre; pero estoy seguro que él mismo diría que no era él el bueno, sino que su grandeza se debía a su Señor viviendo dentro de él.
Que desafío para los que quedamos aún sobre la tierra.
Se ha ido una vida que fue, en todo sentido, un mensaje a la conciencia.

Nos vemos mañana.

Memorias cortas…

Ha sido un día agitado… uno de esos en los que hubo “un poco de todo” o quizás debo decir “mucho de todo” …reuniones de trabajo, producción de video (para Koinonía), estudio, consejería, finanzas, decisiones, predicación, llamadas, correos, más consejo… un poco de preocupaciones (¿por qué no decirlo?)… y esta noche un poco más de estudio. El fin de semana se avecina especialmente cargado, así que esta noche seré muy escueto.
A veces, así debe ser.

Pero… no quiero sonar negativo… en realidad solo estoy un pelín abrumado por muchas de las cosas (buenas) que están pasando en la vida de la Iglesia y otro pelín preocupado por crisis (malas) que algunas de las familias de la Iglesia atraviesan en estos días. Como enseñé hace unas horas en Noche de Jueves, la solución es volver a ver al pasado y recordar la tremenda fidelidad de Dios en otros momentos… y entonces tomar fuerzas para lo que viene en el futuro. Todos debemos hacer eso de vez en cuando… pero a veces parece que nos acordamos más de los problemas del pasado que de las soluciones que el Rey produjo en momentos en los que parecía imposible una victoria.
Pareciera que tenemos una especie de Alzheimer selectivo en el campo espiritual.
A veces, padecemos de memoria corta.

Recordemos a Dios. Recordemos sus obras. Recordemos su favor. Recordemos su poder. Pero… después de haberlo recordado, no nos atrevamos a seguir preocupados.
Él es bueno.
A veces, eso es suficiente.

 

Nos vemos mañana.

No sé su número…

Como te dije anoche, estoy preparándome para compartir con VidaNueva en Noche de Jueves durante un homenaje para los Adultos Mayores. El texto que Dios ha puesto en mi corazón es llamado por muchos “el Salmo del Anciano” (hace unos años escribí de algunos versículos en él… puedes leerlo dando clic acá)… y debo decir: ¡que tremendo pasaje!

No pretendo escribir sobre todo el salmo esta noche (te animo a que llegues Jueves o Viernes a VidaNueva)… pero hay un versículo específico que me ha hecho pensar mucho y que creo que vale la pena resaltar antes de irme a dormir esta noche. Antes de leerlo considera que el contexto del pasaje es la esperanza del salmista en refugiarse en Dios y la ayuda que representa para sí mismo el considerar su experiencia pasada con Jehová el Señor. Es en ese tenor que el Salmo 71:15 dice:

Mi boca publicará tu justicia Y tus hechos de salvación todo el día,
Aunque no sé su número.

Me hizo pensar. Yo tampoco sé su número. Que bien habría hecho yo si hubiese mantenido un registro de las veces que Dios intervino en mi vida… pero no lo hice. No conozco a nadie que lo haya hecho… simplemente damos por sentado que “Dios nos ayuda” y nos olvidamos de llevar la cuenta… por eso, no sé su número. Hmmmm… peor aún… ni con la mente más imaginativa puedo acercarme a la idea de cuantas veces él intervino en mi vida sin que yo me percatara… no sé si el día de hoy salvó mi vida de un accidente, me preservó de un asalto, me protegió de mi imprudencia, me hizo llegar más tarde o más temprano al sitio en que algo me acontecería… evitó que me enfermara, me contagiara o me pasara algo terrible. No puedo imaginarme el día de hoy… pero… y si -como el salmista hace en Salmo 71- incluyo la realidad dada en el versículo 6- que “En ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; de ti será siempre mi alabanza” y pienso por un momento en todos los días de mi vida… la idea de la protección y socorro de Dios se vuelve abrumadora. Nunca me daré cuenta de esta realidad… y por eso, no sé su número.

Esta noche me acuesto sintiendo de manera palpable la protección de Dios. Uso el término muy a propósito… hoy la “siento” porque -de repente- abro los ojos a la realidad de que no llevo la cuenta. Nunca sabré el número de los hechos de salvación de Dios en mi vida… lo que me anima a cumplir la primera parte del versículo que te mencioné: mi boca publicará su justicia.

“Tú has hecho grandes cosas;
Oh Dios, ¿quién como tú?” (Salmo 71:19b)

Grandes cosas… piénsalo… nunca sabremos su número.

Nos vemos mañana.