Salmo 69: la peor traición


Saludos desde Managua… hoy terminé la enseñanza «teórica»y mañana tendremos un taller de predicación con los pastores-estudiantes que estoy entrenando acá… ha sido una buena semana para recordar y repasar los principios de Predicación Expositiva y creo que para muchos «se ha encendido la luz» de la Palabra… estoy satisfecho.

Hablemos de la peor traición…
No me refiero a la infidelidad conyugal o a traicionar a la patria.
Hubo una traición que resultó ser un millón de veces peor.
Y de la que podemos aprender algo. Te explico.

Esta noche he estado tratando de digerir el Salmo 69. He llegado a ese pasaje a causa de la serie de Romanos que estoy predicando… un texto de referencia me llevó a otro y a otro… y en lo que menos sentí estaba ensimismado en uno de los salmos mesiánicos más descriptivos… y desgarradores de toda la Biblia. Léelo acá si quieres.
Este salmo es la experiencia amarga de David al ser perseguido por los suyos… pero es un cuadro vívido de los sufrimientos emocionales de nuestro Señor al enfrentar «la peor de las traiciones». Me ha parecido todavía más curioso porque el pasaje deja ver la reacción humana del rey David… y notar como contrasta con la reacción perfecta que Jesús tuvo casi un millar de años más tarde.
Los dos sintieron lo mismo ante la traición. David reaccionó como humano.
Jesús lo hizo muy diferentemente.

La traición es algo espantoso. Si alguna vez la has sufrido, puedes -tal vez- tratar de comprender el dolor emocional que Jesús soportó.

Déjame entresacar del Salmo 69 lo que me ha causado impacto en el alma y presentártelo a continuación. Te advierto que no he transcrito todo el salmo… esta noche además me he permitido hacer algunos comentarios en paréntesis en el texto y usar un color diferente…

Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido (sabemos que Jesús no abrió su boca); Han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios (pero sí debe haber sido espantoso para él «esperar en Dios»).
Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa
(y a Jesús se le ha continuado aumentado sin causa los adversarios por los siglos); Se han hecho poderosos mis enemigos, los que me destruyen sin tener por qué. ¿Y he de pagar lo que no robé? (la reacción humana es: ¡de ninguna manera!, La divina dice: ¡por supuesto!)

Porque por amor de ti he sufrido afrenta; Confusión ha cubierto mi rostro.
Extraño he sido para mis hermanos, Y desconocido para los hijos de mi madre.
(Si alguna vez te has sentido incomprendido por tu familia… piensa en esta frase dicha por Jesús)

Lloré afligiendo con ayuno mi alma, Y esto me ha sido por afrenta.
Puse además cilicio por mi vestido, Y vine a serles por proverbio.
Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, Y me zaherían en sus canciones los bebedores.
(Nada debe ser peor que volverte la burla de unos borrachos ¿no crees?)

Sácame del lodo, y no sea yo sumergido; Sea yo libertado de los que me aborrecen, y de lo profundo de las aguas.

No escondas de tu siervo tu rostro, Porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme.
Tú sabes mi afrenta, mi confusión y mi oprobio; Delante de ti están todos mis adversarios.
El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; Y consoladores, y ninguno hallé.
(la frase «el escarnio ha quebrantado mi corazón» quebranta mi corazón)
Me pusieron además hiel por comida, Y en mi sed me dieron a beber vinagre.

Ahora lee la reacción humana de David:

Sea su convite delante de ellos por lazo, Y lo que es para bien, por tropiezo.
Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, Y haz temblar continuamente sus lomos.
Derrama sobre ellos tu ira, Y el furor de tu enojo los alcance.
Sea su palacio asolado; En sus tiendas no haya morador.
Porque persiguieron al que tú heriste, Y cuentan del dolor de los que tú llagaste.
Pon maldad sobre su maldad, Y no entren en tu justicia.
Sean raídos del libro de los vivientes, Y no sean escritos entre los justos.

Y compárala con la reacción de Jesús en Lucas 23:34

Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.

Un último pensamiento: Si alguna vez has sido traicionado, acude a Jesús.
Créeme, él mejor que nadie sabe como entenderte… y como enseñarte a manejar la traición.

Nos vemos mañana.