Tiempo para pensar…


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Elimina lo que haya que eliminar. Conserva lo que se puede mejorar. Mejora lo que se debe perpetuar. En eso he andado pensando estos últimos días. Lo bueno de una semana como la que Patty y yo estamos pasando es la oportunidad buena de sentarme a pensar… tranquilo, sin llamadas (casi), sin interrupciones… sin prisas. Lo confieso… estos últimos meses me ha resultado difícil en San Salvador sentarme a pensar a no ser que sea para apagar algunos fuegos… es decir, me he sentado con el Rey para orar y ahora veo como he pensado mucho en los problemas -a veces “un” problema, a veces “los” problemas… a veces “el” problema- pero me ha costado ver las cosas desde un punto más distanciado y por ende con una mejor óptica.
No he pensado desde un ángulo diferente (como he escrito todos estos años).

¿Sabes? es bueno alejarse de todo de vez en cuando. Estos días he contestado pocos correos… en mi ingenuidad, traje conmigo una pequeña maleta de documentos y tareas que debía cumplir en mis vacaciones pero -a Dios gracias- he tenido la sensatez de ni siquiera volverla a ver en estos 10 días que llevo fuera de casa. Ya habrá tiempo de sobra para realizar lo que me toca. Por el momento, lo mejor ha sido descansar, relajarme y -finalmente- tomar tiempo para pensar. No quiero compararme con el Rey… pero no es de sorprendernos la cantidad de viajes que él hacía y resulta impactante comprender la cantidad de tiempo que él apartaba para pensar. A veces, hasta se separaba del grupo con el que viajaba para estar a solas. A mí me tomó casi las dos semanas de este viaje llegar hasta este momento y analizar con tranquilidad el juego de circunstancias actuales de la vida y el ministerio que el Rey me ha regalado. Te soy transparente al decirte que aun no llego a todas las conclusiones… hay cambios y ajustes que debo hacer en el futuro inmediato que todavía me cuesta digerir como indispensables… o más bien como apetecibles. Aunque he procurado no estancarme -y no dejar que lo que esté bajo mi responsabilidad se estanque- te confieso que no me gusta el cambio. O mejor dicho, hay algún cambio que no me gusta. Pero ahora creo que algunos ajustes deben hacerse “de fondo”… las formas, por supuesto, seguirán a tales ajustes. Yo pienso que hago mucho… pero creo que no logro lo que debería. Quisiera hacer menos, pero hacer mejor lo que hace que se logre mucho.
Por eso deben haber cambios.

Esta noche te animo a que hagas lo mismo. Toma tiempo para pensar. Si puedes, vete de vacaciones… pero si no puedes al menos aíslate del mundo que te inunda cada día y analiza lo que haces y lo que logras con lo que haces. Elimina lo que haya que eliminar. Conserva lo que se puede mejorar. Mejora lo que se debe perpetuar. Piénsalo. Seguir en más de lo mismo no producirá los resultados debidos para el reino.
Por cierto, todos los cambios que he pensado son buenos. Positivos. En pro del reino.

Ya te contaré.

 

Nos vemos mañana.

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