Es dura la vida del turista…


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Esta noche la entrada es muy personal. Apenas si escribo hoy una especie de diario para reportarme sobre lo que el día dejó… no esperes nada muy profundo. Es que ahora sí siento que estoy de vacaciones.

Acá voy…

Aunque estamos en USA desde hace más de una semana creo que hasta hoy tuvimos lo que se consideraría un día de descanso, sin ministerio, sin manejar grandes distancias o sin reuniones de trabajo… al menos, debo decir que fue un día descansado. Gracias a los Watson (Dennis y Vicky), hoy dimos uno de esos recorridos turísticos en los que uno se pasea por los sitios históricos, toma fotos de monumentos y entiende un poco más los eventos que dieron forma a la ciudad que se visita (y créeme, acá en Nueva Orleans hay mucho de esa clase de historia)… además paseamos por el malecón a la orilla del Mississippi, comimos “comida típica” -léase mariscos-, anduvimos en tranvía, visitamos la cafetería más famosa de la ciudad (Cafe du Monde, quizás una de las más famosas del mundo), tomamos cafe au lait y comimos Beignets (pronúncialo “Biñés”). Por la tarde tuve también la oportunidad de conocer un poco mejor el Seminario en el que nos estamos quedando y luego tomé unas horas para tocar piano, leer, pensar y… no hacer nada. Nada. Fue raro. Quizás deba decir -como dice una muy amada amiga nuestra-: “es dura la vida del turista”.
Pero me gusta.
Es más, podría acostumbrarme.

En este viaje me falta un solo compromiso de predicación por estas tierras (este próximo miércoles)… pero esta noche, me acuesto “a descansar” inusualmente descansado y muy agradecido con Dios por su cuidado de Patty y de mí. En este cuidado, nuestros hijos acá han sido instrumentales cada día desde que llegamos así como otros amados hermanos en Cristo en Tampa la semana pasada y mi hermano mayor y su familia en Atlanta. Hoy se añadieron al grupo de “anfitriones de Dios” en este viaje nuestros “guías turísticos” Dennis y su esposa, a quienes hemos contado como amigos por más de 20 años. Dennis es -por cierto- el pastor de la Iglesia más grande de esta ciudad (de cualquier denominación)… unos 5,000 personas asisten cada domingo a sus cultos. Fue bueno platicar de la vida y del ministerio con él. Todo un lujo tenerlo como guía por la ciudad.

Aún quedan unos pocos días para regresar a nuestro amado país y retomar el ritmo del ministerio, pero mientras tanto espero estirar este sentimiento todo lo que me sea posible.
Y luego, hay que volver a la realidad.
Hmmm… por eso de que todo esto se termina y que luego hay que volver a la realidad quizás es cierto… “es dura la vida del turista”.
¿Fotos? Sí… es probable que suba algunas al final del viaje.

 

Nos vemos mañana.

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