Sobre la importancia de “ser” y “parecer”…


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¿Cual fama te precede? ¿Qué dice la gente de ti? ¿Cuál es la impresión que dejas en otros? ¿Cómo serás recordado? ¿Qué dice la gente de ti cuando no estás presente? Estos últimos días he escuchado-leído-observado a más de uno que -en un derroche de personalidad antisistema- dicen-implican-sugieren que las opiniones de los demás sobre uno mismo no son importantes. Tú sabes, la vieja retórica… “yo sirvo a Dios y no a los hombres”… “nadie puede juzgarme si no anda en mis zapatos”… “todos tenemos defectos y por tanto nadie debe ser crítico”… la lista de frases y pensamientos similares es larga. Espero que tú no seas uno de los que excusa sus faltas (grandes o pequeñas) detrás de tan pueril manera de ver las cosas.
¿Qué dice la Biblia?
Lee:

  • Que la impresión que dejas en otro es mejor que mucho dinero. Proverbios 22:1 De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro.
  • Que la  buena fama que te precede despide olor mejor que un buen perfume. Eclesiastés 7:1  Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento.
  • Que si no tienes esa buena fama, puedes olvidarte de tu ministerio… o al menos de un ministerio que sea eficaz para la expansión del reino. 1Timoteo 3:7 También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo. 
  • Que no importa tu edad… tus hechos limpios (santos) y rectos (correctos) hablan de ti. Proverbios 20:11 Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta. 

Esta noche me acuesto pensando en cómo a los humanos -y especialmente a los cristianos- nos cuesta mantener en mente el panorama grande y procurar el equilibrio de las cosas importantes de la vida. Lo que la gente dice de ti…¡dice mucho de ti! No solo me refiero a lo que opine alguna persona con quien tienes un desacuerdo y a quien crees que “le caes mal”… hablo del tenor general. A veces, cuesta abrir los ojos y aceptar que la opinión general no es un complot orquestado en contra nuestra en el que muchos se han puesto de acuerdo para criticarnos… es simplemente la percepción que hemos proyectado hacia el resto del mundo. Si estás empezando a servir (o si lo has hecho desde tu juventud) es bueno que te des cuenta que echar a perder tal percepción también echará a perder tu ministerio. Sí, lo reconozco, servir a Dios y hacer las cosas bien ante él es lo más importante… pero esto no resta ni un ápice de nuestra responsabilidad de hacer las cosas bien -y dar la impresión correcta que respalde tales acciones- delante del resto de los humanos.
O, como me decían mis padres: “Hay que ser, y también hay que parecer”
Ninguna de las dos realidades funciona independiente de la otra. Punto.
Y de ti… ¿qué dice la gente?
Allí te dejo la inquietud…

 

Nos vemos mañana.

 

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