Que la voz de Dios se escuche con claridad…



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Como te dije hace unos días, mañana por la mañana daremos inicio en el Seminario Bautista Vida Nueva el ciclo final del año 2014 (al menos la versión matutina, la nocturna será la próxima semana) y me toca a mí dar la clase de Predicación Expositiva. Por lo que he visto en los registros, tendremos casa llena; el aula está “topada al máximo” en la mañana y hay apenas unos pocos cupos para la noche -o por lo menos, así fui informado- lo que hace que todo este esfuerzo de preparar una clase de esta importancia valga mucho más la pena.
Me gusta.

Para mí, pocas áreas son más trascendentales en el ministerio que el Rey me ha encomendado que el transmitir de manera fiel la filosofía de vida y los métodos adecuados para desarrollar predicadores de la Palabra de Dios. Me confieso ser una de esas personas “chapadas a la antigua” que creen con toda su alma que la predicación de la Biblia es más importante que casi cualquier otra cosa que sucede dentro de una iglesia. Al decir “predicar” no me refiero a “dar una charla” bíblica… ni a pararse al frente de una congregación para expresar con elocuencia (en el mejor de los casos) una colección interesante de pensamientos buenos que hablan de Dios y las cosas espirituales… hablo más bien de la capacidad de expresar con convicción profunda que “Dios ha dicho” con claridad innegable para nosotros lo contenido en su Palabra. Mi oración al comenzar esta clase es que los que participen de ella salgan con el compromiso inamovible de que nunca, nunca, nunca, nunca se pararán detrás de un púlpito para predicar de otra manera que no sea la explicación clara del texto de la Biblia.
Ni más, ni menos.

¿Sabes? este mundo necesita hombres de Dios en los púlpitos que prediquen con agudeza y exactitud la Palabra de Dios… solamente así el mensaje de Dios con los pensamientos de Dios llegará al pueblo. Solo así habrá un cambio de Dios en nuestras naciones. En un mundo en el que la cantidad de voces que cada uno escucha sobrepasa los límites de la razón y en el que cada voz pretende sacar ventaja para sí misma, nuestro compromiso es que la voz de Dios se escuche con claridad y que el mensaje de Dios sea proclamado de manera tal que no quede ninguna duda de lo que él quiso decirnos. Ese es mi desafío cada vez que me paró a predicar… y sueño con que ese se convierta en el objetivo de mis estudiantes en esta clase.
Me emociona.
Ya te contaré como va todo.

 

 

Nos vemos mañana.

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