El avivamiento que no sucedió…


Este día terminamos de estudiar el libro de Esdras, un libro que como sabes ha ocupado mi mente y mi corazón desde hace ya casi un año. Los últimos dos capítulos son un compendio de las reacciones posibles al pecado por parte de la naturaleza humana… las maneras -buenas y malas- de lidiar con aquellas áreas en las que hemos violado flagrantemente las indicaciones de Dios. Si consultas a los teólogos y los comentarios verás como muchos -la gran mayoría diría- insisten en etiquetar esta etapa de la historia como “un avivamiento” espiritual… o al menos como un episodio de profunda reforma moral. No creo que sea así. De hecho, sé claramente que el texto no lo afirma en ningún momento y no llega ni siquiera a implicarlo.
Esdras 10 es “el avivamiento que no sucedió”.

Esta noche te animo a que tomes unos momentos y leas esos dos capítulos de la Palabra. No te dejes turbar ni desanimar por la enorme cantidad de nombres al final del capítulo 10 (hoy aprendimos que hay algunas lecciones fascinante en este trozo que personalmente llamo “la lista de la vergüenza”). Allí verás como al ser confrontados con el pecado -“atrapados después de una investigación humana” y no por la convicción del Espíritu Santo- los israelitas que pecaron hicieron una promesa de que cambiarían su condición y ofrecieron un carnero para cumplir con la ley… pero nada -nada, nada, nada, nada- se nos dice después sobre el cumplimiento de sus votos. De hecho, el libro nos deja con un sabor a inconcluso. Nehemías -el libro justo después de Esdras- nos muestra que el pueblo continuó en el mismo pecado. No cambiaron.
Es que cuando el cambio no viene motivado por Dios mismo… nunca funciona.

Las razones para que el avivamiento no suceda en nuestra tierra pueden ser muchas… esta mañana mencioné algunas… pero puedo asegurarte que la causa principal es la religión sin compromiso que plaga a nuestras iglesias. No es incorrecto afirmar que tenemos suficiente religión como para estar vacunados pero no tanta como para que los síntomas de la santidad se manifiesten. Es fácil notar que en nuestro entorno es simple “manifestar” la intención de compromiso de cambio (y en el gremio de pastores y predicadores nos hemos vuelto diestros para explotar decisiones emocionales) …incluso es fácil que sepamos dar los pasos bíblicos para “pagar los votos” con alguna actividad enmarcada en la esfera de lo religiosos. Pero “cambio” hay poco.
Y, como sucedió en Esdras, el avivamiento no sucede.

Esta noche te animo a que rompamos el ciclo. Puede ser que tú y yo no podamos hacer que nuestra nación completa experimente el avivamiento… pero ciertamente sí somos responsables por nuestro propio avivamiento personal. El que está libre de ropajes religiosos y se nutre de la relación directa con el Espíritu Santo… el que cambia los hábitos pecaminosos no porque la religión le atrapó en pecado, sino porque el pecado nos es molesto.
En resumen: Si los otros no cambian… te animo a que lo hagamos tú y yo.

 

Allí te dejo la inquietud.

 

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “El avivamiento que no sucedió…

  1. Dura tu palabra pero completamente cierta. Nuestra iglesia rebosa religiosidad y yo hasta le tengo nombre: LA CATARSIS MENSUAL. Una vez al mes el pastor invita a los que quieran pasar adelante a renovar sus votos u orar por sus problemas. Siempre son los mismos…ya que nada cambia entre renovaciones de votos. A veces me siento muy desanimado pues soy discipulador y pocos de los que pasan adelante quiere ser discipulados para cambiar. Saludos desde Vina del Mar, Chile.

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