“¡Sí!, pero…” (Desde que las excusas se inventaron…)


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Aunque la verdad sea contundente, la voluntad siempre tendrá el control. Punto. A la hora de presentar un argumento de convicción -en la rama que sea- siempre habrá una barrera que resultará infranqueable a la razón y a los procesos de razonamiento: la voluntad humana de tu interlocutor. Por eso, no importa que tan elaborado sea tu presentación de una verdad -a nivel de teoría- y cuanto la respaldes a nivel vivencial, siempre se podrá rebatir con un simple “¡Sí! pero…” Puedes haber ganado la discusión, pero eso no hará que el otro cambie su opinión.
Mucho menos que cambie sus actos.

Esto fue lo que le sucedió a Esdras. Este hombre de Dios tuvo una súper-ración de naturaleza humana en el capítulo 10 del libro que lleva su nombre al lidiar con un pueblo que -al ser confrontados con su pecado- contestaron con un “Así se haga conforme a tu palabra”… aunque la siguiente palabra en el texto que ellos dijeron fue “pero…”
Sí, pero… hmmm… como dirían los abuelitos de antes “sí, pero nada!”. Esdras les había comandado de manera clara una tarea que ciertamente era de difícil ejecución: tenían que disolver sus matrimonios con mujeres que no profesaban su fe (y habían hijos de por medio). El argumento de Esdras fue claro e inobjetable: “dad gloria a Dios, hagan su voluntad y sepárense de las mujeres con las que nunca debieron haberse casado”. La respuesta fue inmediata: “¡Sí…! pero no en estos momentos”
Y entonces, pusieron excusas.
Por cierto, en el resto del libro nunca vemos que ellos realmente obedecieran.

Desde que las excusas se inventaron, nadie queda mal. Desde que las excusas se inventaron, podemos hacer lo que queramos. Podemos afirmar con la cabeza en pleno asentimiento teórico con lo que nos están diciendo y luego poner un “pero”… a veces verbal y expresado en voz alta, a veces mental y reservado para nosotros mismos en nuestras cabezas. Los israelitas en el tiempo de Esdras lo hicieron verbalmente… dijeron que sí, y luego pusieron excusas.. aunque sus excusas -como casi todas las excusas de todos los tiempos- eran vacías, sin fundamento y sin valor alguno para respaldar el “pero” que Esdras planteaba. Las excusas que pusieron fueron:

  1. El pueblo es mucho (cierto, aunque la decisión de actuar era individual…)
  2. El tiempo es lluvioso (cierto, aunque no incidía para nada en la toma de la decisión…)
  3. No podemos estar en la calle (no era cierto… habían vivido 40 años en el desierto…
  4. Esto va a tardar demasiado. (no era cierto… habría tardado poco si ellos hubieran reaccionado debidamente)

“Aunque sí, hemos pecado”… sí pero no.

Esta noche te animo que -al tratar con el pecado- no pongas excusas. No hay ni “sis”, ni “peros” que justifiquen nuestra falta de deseo de cambiar y vivir para el Rey. Entonces, ¿Qué contestarle a Dios cuándo nos habla? hmmm… un “sí Señor” seguido de obediencia plena es suficiente.
Ni más, ni menos.

Allí te dejo la inquietud.

 

Nos vemos mañana.

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