El yugo, el dedo y el habla…


El yugo, el dedo y el habla… así es, casi parecería una combinación rara de palabras… de esas generadas al azar y que no tienen mucho que ver las unas con las otras. Hasta que las pones en el contexto adecuado.

Isaías 58:9-10 dice:

58:9 Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad;

58:10 y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.

La condición para que Dios escuche (en el día en que desesperadamente le buscamos… en este contexto, en el ayuno verdadero) es cuando quitamos de entre nosotros “El yugo, el dedo amenazador y el hablar vanidad…” El texto sigue aún un poco más en una expresión que analizaremos en algún otro momento. Pero esta noche, solo quiero repasar lo que ha andado en mi cabeza desde hace unos días con respecto al cambio en el interior que debe haber en cada uno de nosotros; hmmm, en mí primero… lo necesito más que todos.

  1. Quitemos el yugo. Siempre en la Biblia el yugo es un símbolo de opresión y esclavitud… el intento (regularmente violento) de someter a alguien bajo nuestro dominio. Este es uno de los rasgos de carácter más complicados de vencer… a veces incluso es uno de los más justificados. Pero Dios no nos oye mientras no quitemos de entre nosotros -no solamente “de nosotros”- el yugo.
  2. Quitemos el dedo amenazador. Desde cualquier ángulo, esta es una expresión muy descriptiva. No cuesta imaginarse a alguien (¿a mí? ¿a ti?) hablando a alguien -regularmente bajo nuestro yugo- a quien sometemos por medio de un dedo levantado en actitud de amenaza. Esta es una manera elegante de hablar del estilo bravucón y atemorizante con el que pretendemos coaccionar a quienes viven/trabajan/estudian/ministran a nuestro alrededor. ¿Tiene tu mano “el dedo amenazador”?
  3. Quitemos el hablar vanidad. Literalmente: hablar lo que es malévolamente falto de consistencia. Es usar tu tiempo, tus talentos y tu enfoque en comunicar lo que absolutamente no glorifica a Dios ni provee de ninguna oportunidad de crecimiento o edificación para quienes te escuchan. ¿Cuánto de tu tiempo hablas/texteas/escribes palabras faltas de propósito y consistencia? Lo que sea -poco, algo, mucho o demasiado- te animo a que lo remuevas por completo de tu vida.

Dos elementos más acompañan a esta extraña tríada de razones por las que Dios no nos escucha… dar pan al hambriento y saciar el alma afligida.
Pero eso será motivo de otro post.
Por hoy, acá te dejo la inquietud de remover lo que estorbe tu comunión con Dios.

Hablando de usar bien la boca… en ERDH seguimos hablando de Adoración… te dejo el audio de esta mañana. Escúchalo y considéralo detenidamente…

Nos vemos mañana.

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