Sobre los “dioses menores” en nuestra vida…


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Esta semana en El Reto de Hoy hablaremos de la alabanza y la adoración en una serie que hemos titulado “Conectados con su Presencia”. Creo que será una bendición para muchos. Si bien “la música en la iglesia” es parte del menú que tocaremos en la semana, nuestra intención es más bien que abramos los ojos a que la adoración “poco o nada tiene que ver con la música, el estilo, el cantante o el volumen” que el tiempo de alabanzas tenga en la congregación de la que somos parte.
Piénsalo. La adoración es mucho más que eso.
La adoración es el cumplimiento del propósito de nuestra vida.

Dallas Willard escribió:

“Fuimos hechos para adorar; por eso nuestros corazones se mantienen agitados hasta que encuentran y honran el objeto de la adoración para el cual fuimos creados”

Willard tenía razón.

Fuimos hechos para adorar. Punto. Esa es una de las afirmaciones más profundas y perspicaces que se han hecho respecto a la naturaleza y propósito del hombre. La vida entera es un viaje en el cual vamos -cual si de colibríes y flores se tratara- de miel en miel, de flor en flor, de objeto de culto en objeto de culto. Lo lamentable del caso es que no es raro que nos fascinemos y distraigamos por “dioses menores” que acaparan nuestra atención, roban nuestro enfoque y terminan por apropiarse de la adoración que solamente le pertenece al Dios verdadero. Tales “dioses menores” no suelen aparentar ser figuras religiosas, objetos malvados, e incluso no parecieran demandar abiertamente nuestra adoración …toman casi siempre la forma de una persona, de una cosa, de una actividad, de una meta o incluso de una iglesia (o de un ministerio)… pero, más a menudo de lo esperado, con su aparente inocencia e ingenuidad logran interponerse entre tú y “el objeto de la adoración para la que fuiste creado”. No es de extrañar que nuestros corazones se mantenga casi siempre agitados.

Esta semana te animo a que nos acompañes para que conversemos sobre lo que bien podría ser una revolución completa a tu alma. Especialmente si eres el tipo de cristiano que “no cantas” o para quien la música “no es tu cosa”. Esta bien que así sea… pero no evites que un problema de estilo o de gustos musicales se interponga en tu adoración a Dios. Si lo piensas, observarás que -sin pedirte que les cantes- a tu alrededor algunos de estos “dioses menores” se disputan la adoración que solo debe estar reservada para el Rey. Adoremos. Una vez que entendamos de que se trata esto, nuestros corazones encontrarán la apacible quietud de aquello que ha visto satisfecho el propósito para lo que fue creado.
Ni más ni menos.

 

Nos vemos mañana.

 

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