Sobre escuchar e interrumpir…


Como sabes, ha sido una semana extremadamente interesante para mí: he estado mayormente callado …y he podido notar lo obvio: entre más callado estoy, más escucho. En primer lugar, creo que mi silencio me ha permitido escuchar más a Dios… a veces, creo que el ruido de mi voz me impide escuchar con claridad lo que el Rey quiere decirme …¿te sucede a ti?… al estar callado, pareciera como si yo mismo me quito de en medio y le doy vía libre a la voz del Espíritu en mi alma. Pero, no solo se oye mejor a Dios en el silencio sino que -todo- se oye más claramente. Todos se oyen más claramente. Y no me refiero sólo únicamente a la voz audible de las personas …me refiero a todo. Los ruidos de la casa, el teclado de la computadora, el sonido de la lluvia mientras cae en mi techo …las quejas (claras o veladas) a mi alrededor, las indicaciones que recibo, los reportes de buenas noticias… el dolor/temor/inseguridad del alma de algunos con quienes me entrecruzo casualmente en la vida. Como te dije, ha sido interesante.

¿Sabes? después de todos estos días en silencio tengo una observación qué hacerte …probablemente es demasiado sencilla y corro el riesgo de dar la impresión de extrema ingenuidad o de plano y llano simplismo, pero de todas maneras te la haré: El problema que muchos tenemos es que interrumpimos a nuestro interlocutor no porque tengamos algo que decir, sino porque no estamos interesados en escuchar. Piénsalo. ¿Cuánto interrumpes a los que te rodean? ¿Estás esperando que el otro calle para empezar a hablar? O, peor aún, ¿Hablas abruptamente para callar lo que tenga que decirte?
la respuesta a este análisis puede ser pesada, pero es muy poderosa para el descubrimiento de nuestro propio corazón. ¿Interrumpes a tus padres? ¿Interrumpes a tu pareja para no tener que escuchar “todo” lo que tenga que decirte? ¿Interrumpes a tus amigos? ¿Al líder de tu equipo? ¿Al jefe en tu oficina? ¿A tu maestro de Escuela Dominical?¿a tu pastor?

Si es así: deseo para ti silencio. Unos días de silencio y el esfuerzo de escuchar tu entorno. Ni más ni menos. Escucha y no interrumpas… verás como un nuevo mundo de posibilidades se abre ante ti y ante el ministerio que el Rey te concederá.
No temas. Quédate callado.
Hmmm… una cosa última: Mejor que tu silencio sea por las buenas, que que sea por las malas.

Te deseo un silencioso fin de semana.

He aquí el reto de hoy de este día:

Nos vemos mañana.

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