Una ley de doble vía…


Bendice y serás bendecido. Punto. Ya sea que te guste o no esta es una ley en la vida y funciona igualmente a la inversa: maldice y …¡tú mismo puedes terminar la frase! La mera verdad es que las relaciones personales causan un efecto invariable de boomerang o de eco en el que lo que hagas se revertirá y muchas veces resultará en algo semejante a una respuesta amplificada a tu propia intención.

Escogimos este tema -y el pasaje que lo desarrolla en 1 Pedro- porque estoy convencido de que si más personas se apegaran a tal “ley” los creyentes haríamos un mejor trabajo en la expansión del reino y disfrutaríamos de una manera más concreta la vida como súbditos del Rey. El pasaje en Pedro ya te lo he comentado antes:

El que quiere amar la vida
Y ver días buenos,
Refrene su lengua de mal,
Y sus labios no hablen engaño;

Apártese del mal, y haga el bien;
Busque la paz, y sígala

Sencillo, ¿no?
Sin embargo, la realidad es que la mayor parte de creyentes que conozco no lo toman en cuenta… es casi como si no quisieran amar la vida y ver días buenos. Al hacerlo nos volvemos nocivos con la lengua, los labios y las actitudes… y la vida termina siendo “detestable” en vez de “fácil de amar”

Hoy, apenas comenzamos a desarrollar estos pensamientos junto con Iván en el programa de inicio de la serie. Te animo a que los escuches, y a que los compartas con otros que -probablemente- no han comenzado todavía a “amar la vida” y están lejos de “ver días buenos”.

Nos vemos mañana.

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