La vida que NO nos conviene…


7 Pasos Para Legalismo.014-001

Anoche te hablé sobre cómo la santidad es la vida que nos conviene… hoy quiero poner el énfasis en la vida que NO nos conviene: la vida legalista. Pero -tal como lo compartí esta mañana en el programa de El Reto de HOy- no conozco a un recién convertido que desee convertirse en un legalista. Es decir, pocas cosas son tan opuestas al espíritu de la gracia que caracteriza al Rey que las actitudes de una persona legalista. Este es uno de esos casos en los que la intención no es lo que cuenta. El legalismo es destructivo. Es anti-Dios y todo lo que Dios representa. Es el epítome de la vida por obras y por ende produce el súmmum de lo opuesto a la gracia. Entonces… ¿cómo es que hay tantas personas legalistas? ¿Cómo pasa alguien de ser una persona con buenas intenciones a ser un fariseo moderno?
¿Te parecen palabras fuertes?
Honestamente, creo que me quedo corto.

Hace unos años leí algo sobre legalismo de la pluma de Mark Driscoll… un conocido pastor-no-tradicional en más de un sentido. Si bien no he leído todo lo que Driscoll ha escrito y no puedo decir que tengo una opinión formada sobre él como autor, sí puedo asegurarte que comparto su análisis sobre como una persona se vuelve legalista. He aquí una adaptación/explicación comentada de sus siete pasos para convertiste en legalista… :

  1. Primero: Hagamos reglas que no están en la Biblia -y démosle igual valor que un precepto bíblico. El legalista forma sus reglas externas de las interpretaciones personales de pasajes bíblicos, pero no de los pasajes bíblicos en sí. El sistema de reglas -entonces- es completamente humano, pero está disfrazado de bíblico. Si lo piensas, concluirás que el legalismo es per se una forma de mala doctrina que impulsa las obras humanas y las maquilla como reglas bíblicas. Entre más severa la regla, más alta la supuesta espiritualidad.
  2. Segundo: Esforcémonos para cumplir esas reglas.  El legalista suele tener -aunque sea de manera externa- un extremado afán por cumplir sus propias reglas.
  3. Tercero: Castiguémonos si no las cumplimos. El legalista es legalista consigo mismo antes de serlo con los demás. Todo lo que parece “bendición” y “gracia” han sido borrados de su propio sistema… razón por la cual no es raro que el típico legalista siempre parece vivir privado de todo gozo.
  4. Cuarto: Sintámonos orgullosos cuando guardemos nuestras reglas. Sin embargo, el buen legalista es “cumplidor”… y cada vez que cumple acumula en su alma una razón más para sentirse orgullosamente superior a todo los demás que no se conforman a las reglas.
  5. Quinto: Autonombrémonos jueces de los demás. En realidad, el buen legalista es el policía, el juez y el verdugo de todos los demás… triste realidad.
  6. Seis: Critiquemos duro a los que no cumplan las reglas la etiqueta mejores es la de carnal. ¿Cómo se puede ser crítico/criticón y sentirse orgulloso de sí mismo? Hmmm… fácil: hay que ser legalista.
  7. Séptimo: Expulsemos o amenacemos con expulsión a quien no se conforme con el sistema de reglas… Expulsión, aislamiento, condenación… las formas son muchas… el mensaje es el mismo: “Si no lo haces como mis reglas dicen, eres carnal”. Triste, triste, triste.

¿Qué decirte sobre todo esto?
Una frase simple: Esta vida NO NOS CONVIENE… ¡es terrible!

 

Te dejo el link al audio en el que desarrollamos la conversación de esta mañana. Escúchala… compárate… compártela.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “La vida que NO nos conviene…

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