¿Relación con Dios o utilitarismo espiritual?


Ha sido un fin de semana intenso -como todos- solo que en esta ocasión tuve mi mente y mi corazón metidos por completo en el Salmo 91. Quizás por la cantidad de veces que me toca predicar cada mensaje -y de la cantidad de tiempo en la preparación del sermón en sí- pero, hay un momento en el que tengo la impresión que algunos pasajes quedan tatuados en la mente… y me es difícil dejar de pensar en ellos al terminar el domingo. Salmo 91 es uno de esos casos.
Y hay una verdad dentro del salmo que parece sobresalir para mí.
Te cuento.

Este es uno de esos trozos de la Biblia en los que es fácil perder el punto principal. El texto habla claramente del poder de Dios -él es el Omnipotente- y de cómo es capaz de lidiar con los riesgos y temores más terribles: el engaño de otros, las plagas y pestilencias y todo lo relacionado con las amenazas a nuestra salud, los ataques a nuestra integridad física en mano de nuestros enemigos, la ira de Dios, los errores causados por nosotros mismos, los ataques del diablo… la lista es tremenda. Mucho me temo que al estudiar un pasaje como este leemos en él solamente lo que queremos leer y dejamos de lado lo que no queremos leer. En realidad, lo mismo sucede con muchos de los trozos en la Escritura que nos prometen protección, cuidados, prosperidad, avance o bendiciones en general. En cuanto escuchamos la palabra “bendición” -o cualquiera de sus variables- dejamos de leer y solamente asumimos… “Dios va a bendecirme” -decimos- “y solo tengo que esperar por gracia que la bendición me llegue”.
Error. Craso error.
Es también mala lectura de la palabra.
Yo le llamo “utilitarismo espiritual”.

Técnicamente, el utilitarismo es “una doctrina filosófica moderna que considera la utilidad como principio de la moral”. O sea, si algo me sirve, es bueno. O, solo es bueno para lo que me sirve. Traducido a nuestra realidad espiritual, el utilitarismo busca a Dios solamente porque Dios nos beneficia. Piénsalo por unos instantes. La idea es filosófica, teológica y bíblicamente aberrante. Salmo 91 se ha convertido solamente en una plataforma de seguridad en la que Dios nos cuida… verdad que ha llegado a deformarse en nuestros países latinos al punto que la Biblia abierta en el Salmo 91 en la entrada de una casa o una artesanía colgada de la pared con el Salmo 91 es colgada “para protección” de la casa. Suena a superstición ¿no crees?
Pero aún peor es lo que no leemos en el Salmo …o no queremos leer.

La declaración inicial del Salmista es clave, y la conoces muy bien ( El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.) Déjame formular tal declaración en forma de pregunta ¿quién morará bajo la sombra del Omnipotente? La respuesta es evidente: el que habita al abrigo del Altísimo. Elimina una cláusula y eliminas el punto de Dios. Si no habitas al abrigo del Altísimo, ¿por qué piensas que puedes morar a la sombra del Omnipotente? El pensamiento acá se refiere a la decisión por parte de alguien (“el que” del cual habla este versículo) de morar, residir, refugiarse, esconderse o mudarse de manera permanente “a Dios”. Es tal decisión -y no una Biblia abierta en el Salmo o un adorno en la pared que contenga su texto- lo que te garantiza protección. En el versículo 9, después de prometer protección de día y de noche, ante las adversidades estadísticamente devastadoras… el Salmo dice de manera muy clara que toda la bendición de Dios sobre tu vida es “Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación,”. Punto.

Por si eso fuera poco, al “firmar” Dios el salmo y explicar todo lo que él hace por nosotros menciona -nuevamente- una condición necesaria. Salmos 91:14 dice que toda la bendición de Dios sucede “Por cuanto en mí ha puesto su amor”. Hmmm… ¡que tremendo!: Si amas a Dios “estás seguro”. Pero, ¿amas a Dios? Me refiero a que de verdad él es el objeto de tus afectos, de tus pensamientos, de tus deseos, de tus planes concretos a futuro… que él está sobre todas las cosas no solamente como “un ser superior” sino en una relación de intimidad marcada por la obediencia y por el amor a él “con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas”. Porque -según el mismo Salmista- solo así funciona Salmo 91.
Ni más, ni menos.

Esta noche te animo a que abras los ojos. Ama a Dios, haz tu residencia en él… desarrolla una relación desinteresada con él y entonces, sólo entonces, verás cumplida la palabra prometida en Salmo 91.
Pongamos fin al utilitarismo espiritual.
O por lo menos, dejemos de llamarle “relación con Dios”.
Allí te dejo la inquietud.

 

 

Nos vemos mañana.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s