Proverbios 31:1-9


Esta mañana dimos inicio a una semana de estudios en Proverbios 31 -en El Reto de Hoy-  con un ángulo ligeramente diferente. Al revisar lo que los primeros 9 versículos dicen es seguro concluir que los consejos allí vertidos son de -ni más ni menos- la madre de Salomón (Betsabé) en un intento de formar de manera apropiada a su hijo. Como te dije en algún momento antes, la conclusión de la mayor parte de rabinos judíos ha sido que Salomón es ese Lemuel del que habla este pasaje… y que los consejos que su madre le dio son los que dieron lugar a la archifamosa expresión de Proverbios 31:10… “mujer virtuosa, ¿quién la hallará?”.
El resto es historia.

Algunas cosas “quedaron sin decir en el programa”. Es claro que esta “mujer virtuosa” tenía las mismas preocupaciones que casi todas las madres a través de la historia. Se preocupaba porque su hijo mantuviera su liderazgo en la vida (así que le dijo “no des tu fuerza a las mujeres”), se preocupaba porque su hijo no cayera preso de los vicios (¿no es de los reyes “beber vino” Lemuel?) y se inquietaba porque su hijo no perdiera su enfoque de buen líder -buen rey en este caso- abusando de su poder (ergo, “no perviertas el derecho de los menesterosos”). De sus tres inquietudes, me llama mucho la atención la que se refiere a las adicciones… y sobresale la sabiduría de la mujer al decirle (acá, parafraseo): las adicciones son comprensibles para quienes están en miseria del alma… pero no para ti que siendo hijo del rey, lo tienes todo.
O algo parecido.

Es más, las palabras que usó para describir el alma de los que “se entiende” que caigan en un vicio son cuatro… y cada una es muy descriptiva.
“Dad el vino” dice Betsabé, a…

  • El desfallecido: El que desmaya y decae perdiendo el aliento y las fuerzas
  • El de amargado Animo: Alma afligida o disgustada
  • El necesitado: Pobre, que carece de lo necesario
  • El miserable: Desdichado, infeliz. Abatido, sin valor ni fuerza

Pero, ¿a ti Salomón? ¿a ti, hijo del rey?… ¿a ti, hijo del Rey? (ahora con mayúscula)… naahh!… sencillamente, ¡no tiene sentido!

Como cosa curiosa, si unimos lo que aprendimos el otro día en Esdras (si quieres ser feliz, sé maduro) con estas declaraciones… se hace más que claro que un hijo de Dios no necesita nunca de un trago, una pastilla o cualquier otra sustancia que “lo haga olvidar sus penas”.
Menos aún si es un creyente maduro.

Si me conoces, sabes que no soy legalista. Creo desde el fondo de mi corazón que la Biblia solamente condena la embriaguez, pero no una bebida alcohólica. Sin embargo, creo desde más adentro en mi corazón que la Biblia enseña que -para un hijo de Dios- beber (de cualquier manera) es innecesario para la alegría, el ánimo o el olvido de las penas.

Betsabé tenía razón.
Regularmente, las madres la tienen, ¿no es así?
Te dejo el audio de este día en el Reto de Hoy.
Escúchalo, descárgalo, compártelo.

Nos vemos mañana.

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