El problema de procrastinar…


Procrastinar es, lamentablemente, una palabra desconocida en el vocabulario del latinoamericano promedio aunque -más lamentablemente aún- denota uno de los rasgos más comunes en el latinoamericano promedio. Déjame darte la definición del Diccionario para que entiendas a qué me refiero:

Procrastinar: Diferir. Aplazar. | Posponer intencional y habitualmente algo que debe hacerse.

Procrastinar es “dejar las cosas para más tarde” o “para después”. Es el hábito de posponer -a veces indefinidamente- una acción que casi siempre es el cumplimiento de una responsabilidad. Procrastinamos en el trabajo, en los estudios, en el ministerio, en la salud… pero cuando se tratar de las cosas espirituales es bueno que nos demos cuenta que -ese tipo de procrastinación- es pecado. Punto.
¿Procrastinas?

Procrastinamos en las cosas espirituales cuando, a sabiendas de qué es lo que tenemos que hacer, lo dejamos para después. Sucede más comúnmente en áreas en las que nos hemos quedado estancados por alguna razón. Piénsalo. La obra de Dios en nuestras vidas puede ser que se detenga por una razón emocional, personal, espiritual e incluso materialmente válida, pero regularmente no se reanuda por procrastinación. Sabemos, queremos, entendemos, conocemos lo que debemos hacer… pero al haber un desenfoque en nuestras prioridades, nos dormimos en nuestra comodidad y dejamos el cambio “para después”.

Mañana en VidaNueva estudiaremos uno de esos pasajes que tienen “más de lo que a primera vista se nota en la superficie”. Tomaremos un momento para profundizar en Esdras 5:1-2 y aprenderemos como Dios envió profetas, precisamente, para terminar con el hábito de procrastinación que tuvo al pueblo detenido por 16 años en la construcción del Templo en tiempos de Zorobabel. No es que no supieran qué hacer o que no quisieran hacerlo… simplemente formaron excusas y dejaron el Templo “para más tarde”. El asunto era de tal trascendencia que Dios les envió a dos profetas -Hageo y Zacarías- que generaron dos libros completos de la Biblia solamente para poner alto a este feo hábito. Hmmm, o más bien debo decir: “para poner alto a este pecado”.
Porque procrastinar en las cosas espirituales es pecado. Punto.

¿Qué cosas estás dejando “para después” en tu vida espiritual? ¿Decisiones? ¿Acciones? ¿Cambios en alguna actitud? ¿Perdona/pedir perdón? ¿Bautizarte? ¿Casarte?… lo que sea, no procrastines más.

¿Sabes? procrastinar se acabará cuando decidas que se acabe… ni un momento antes, ni un segundo después. Es una cuestión de decisión. Baste decir que -al estudiar el pasaje en Esdras que te mencioné- entenderemos que lo que ha estado detenido por 16 años -o un período muy largo- puede cambiarse en un período muy corto -24 días para ser específicos, Pero tienes que decidir en tu corazón que así será.
No lo pospongas más.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “El problema de procrastinar…

  1. Procrastinar= diluir. En mi juventud (recientemente), cuando pasabas todo el día de un lado a otro pero sin hacer nada o tomabas un fuera de tiempo laaarrrgoooo y preguntaban que haces decías aquí diluyendo un rato. Poniéndole como el pecado que es, muy pocos hubiésemos dicho: aquí pecando un poco.
    Animo, la vida en este mundo es corta como para diluirla en pecados.

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