¿Cuál es el Dios/dios sobre nuestros profetas?


Este fin de semana estaremos estudiando el capítulo 5 de Esdras, un trozo fascinante (como lo ha sido todo el libro) en el que “una vez más” Dios se empeña en que la restauración de su casa no se detenga y envía a Hageo y a Zacarías a que profeticen a los desanimados y detenidos judíos. El resultado es “una vez más” muy humano… la oposición vuelve a aparecer en escena, nuevas cartas son cruzadas entre los opositores y el rey en Persia y “una vez más” los obreros son autorizados y respaldados desde arriba para que se cumpla el deseo de Dios: restaurar su casa. Los profetas en mención juegan un papel crucial, ellos son los que llevan el mensaje de ánimo y desafío a Zorobabel y los suyos… pero esta noche, una frase pequeña en el versículo 1 me ha hecho pensar durante un buen rato.
Lee el versículo conmigo:

Esdras 5:1 Profetizaron Hageo y Zacarías hijo de Iddo, ambos profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del Dios de Israel quien estaba sobre ellos. (itálicas mías)

Piénsalo. Ellos hablaron en el nombre del Dios de Israel quien estaba sobre ellos. Por favor, sígueme por unos instantes… un profeta era el vocero de Dios ante el pueblo… él -en sí mismo- no tenía nada que decir, aportar, revelar, opinar o iniciar. Su papel era el de un transmisor que “pasaba” el mensaje. Ni más, ni menos. Por eso resultaba tan importante que quienes eran escogidos como profetas por Dios no hablaran en su propio nombre, ni en el nombre de otro dios (con minúscula)… sino en el nombre del Dios de Israel. En el caso específico de Hageo y Zacarías, Esdras aclara que “el Dios de Israel… estaba sobre ellos”. Interesante. Ahora… sígueme aún más… yo entiendo… en el Antiguo Testamento el Espíritu de Dios no “entraba” en una persona sino que “se posaba” sobre él o ella… entiendo que al terminarse de escribir el Nuevo Testamento los “profetas” (como los del Antiguo Testamento) se volvieron innecesarios y entiendo que el don de profecía tiene su equivalencia en la actualidad en lo que nosotros llamamos “predicación”. Lo que quiero señalarte esta noche es la importancia que el ministerio de aquel que habla en nuestros días supuestamente en el nombre de Dios sea respaldado por la presencia de Dios mismo. El predicador -y quienes todavía equivocadamente se atreven osadamente a autodenominarse “profetas”- no tienen nada que decir, aportar, revelar, opinar o iniciar en cuestiones de la vida espiritual. La fuente única de revelación es la Biblia -solo la Biblia y nada más que la Biblia- y no deben ser escuchados ni seguidos como voceros de Dios si no se apegan estrictamente a la Palabra de Dios.
Pero esto… lamentablemente no sucede.

Ahora hay multitudes de profetas falsos tras los púlpitos y micrófonos del mundo cristiano en todos lados de este planeta. Y, lamentablemente, multitudes aun mayores de cristianos bien intencionados les escuchan. Por favor, no seas uno de ellos. Esta noche te pido abiertamente que tengas cuidado y cierres tus oídos a quienes hablan en su propio nombre… sus rasgos son evidentes por el egoismo y la vida desordenada que llevan. Suelen ser apóstoles (otro título falso) de la prosperidad prometiendo dinero y “bendiciones materiales” a diestra y siniestra… pero en realidad son ellos quienes se enriquecen a “diestra y siniestra”. Además, se llaman “profetas” sin serlo. En más de una ocasión he visto con dolor como hermanos preciosos -por quienes murió Cristo- quedan atrapados por la retórica poderosa de manipuladores religiosos.
No son profetas, no son apóstoles y, a decir verdad, Dios no está sobre ellos.

¿Cuáles son los profetas a quienes escuchas? ¿qué clase de libros cristianos lees? ¿cuales sermones escuchas? ¿qué sitios web sigues? ¿cuál es la filosofía de vida que estás aprendiendo?

Es tu responsabilidad determinar con la Palabra de Dios que no estés siendo engañado.
Allí te dejo la inquietud.

Te dejo también el Reto de Hoy de este día: Para ser más como Jesús antes de terminar el día, renuncia a tu derecho de vengarte.

 

Nos vemos mañana.

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