¿Es tu iglesia aburrida?


En unas horas será domingo… “es el día de ir a la iglesia”. Para algunos tal actividad -“ir a la iglesia”- solamente es eso… la repetición religiosa de llegar a un culto que ya han etiquetado como aburrido o irrelevante y al cual asisten porque “es el día de ir a la iglesia”. Sin embargo, piénsalo conmigo por unos instantes… por solemne, repetitivo, estático, predecible y no-planeado que pueda ser el servicio en tu iglesia (y, créeme, algunos lo son) nunca debería recibir el mote o la etiqueta de “aburrido”. Dios está allí. Al reunirse la congregación se cumplen las palabras del Rey que prometió que donde hubieran dos o tres reunidos en su nombre, él -Dios Todopoderoso- estaría allí. No en balde se llama a la iglesia “la casa de Dios”. Si yo fuera tú tendría mucho temor con llamar “aburrida” a la presencia del Rey de reyes en nuestro medio. Quizás la pregunta deba replantearse: ¿Es tu iglesia aburrida… o eres aburrido y vas a la iglesia? ¿No será que hemos hecho una “emocionoctomía” a nuestra alma y nos hemos obligado a no sentir nada más que el hecho de que “estamos en la iglesia”?
Tengamos cuidado.

Aburrirse es “sufrir un estado de ánimo producido por falta de estímulos, diversiones o distracciones.” Ok… si vas a la iglesia a divertirte o distraerte entonces sí es posible que te aburras. Estoy a favor de una iglesia alegre -y de usar humor desde el púlpito- dinámica, de música vibrante y sonrisas gratis… pero no estoy seguro que haya algo en la Biblia que indique que la iglesia de Dios entre en el terreno de lo divertido, o que sirva para darnos distracción. Por otro lado, “aburrirse” es un término interesante, porque al usarse de manera reflexiva (“aburrir-se”) quiere decir “fastidiarse, cansarse de algo, tomarle tedio.” Hmmm… ¿fastidiarme de la presencia de Dios?
Sinceramente, no lo recomiendo.
Más bien, debería ser el momento en el que más nos emocionamos en la semana.

Digo todo esto pensando en el pasaje que estudiaremos mañana. Esdras 3:8-13 nos narra el momento en el que se echaron los cimientos del templo… y como al poner a los sacerdotes “de traje completo” a exaltar a Dios de inmediato hubo una explosión de emociones increíble. Gritos de alegría (¿yupi? ¿hurra? ¿bravo?) mezclados con llanto en alta voz… al punto que se oía hasta muy lejos. Quizás era por la naturaleza expresiva del pueblo judío (pero, ¿quienes más expresivos que los bulliciosos latinos?), quizás era porque entendía lo que allí estaba pasando.

La iglesia no es aburrida. El concepto mismo de su naturaleza elimina por completo tal posibilidad. Pero si pasamos por alto lo que allí está sucediendo -que Dios está presente- corremos el riesgo de aburrirnos.

Ve a tu iglesia mañana. Vale la pena. Si estás leyendo este blog temprano, alístate, sal de la cama, date un baño (por amor a los hermanos), y corre a encontrarte con el Rey.
Si no tienes iglesia a donde ir y vives en San Salvador, Guatemala, San José CR o Managua, te invito a VidaNueva.
No te arrepentirás.

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Nos vemos mañana.

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