No puedes jugar con el pecado y ganar…


Eso fue precisamente el principio central de lo que aprendimos este domingo pasado en VidaNueva. El trozo que estudiamos es 2 Crónicas 36:11-23, la historia de Sedequías… por cierto, el último rey en la dinastía de Judá y el último hombre que se sentó en el trono de la nación; de hecho, el próximo heredero con derecho al trono será el Rey Jesús cuando vuelva a la tierra. Fuimos a este pasaje como parte de la introducción a Esdras… mi propósito era que todos en la Iglesia tengamos claro el panorama histórico que da sentido al libro de Esdras y al tema de la restauración que tan ampliamente tocaremos los próximos meses.
¿Qué nos enseña la historia de Sedequías?

  1. Que el pecado destruye la comunión.
    Sedequías y el pueblo se empeñaron en “hacer lo malo ante los ojos de Jehová”. Esto en sí es la definición de lo que es pecado. En cuestión de actitudes y acciones, no importa si la sociedad las acepta o si la religión las aprueba o las condona… si Dios ve algo como malo, es pecado. En el caso de Sedequías, su pecado era la actitud soberbia -contumaz, obstinada, desafiante-…en el del resto del pueblo sus acciones inmorales eran similares a “las abominaciones de todas las naciones”. Es curioso como la naturaleza humana no ha cambiado… la manía de querer ser iguales a los que no son parte del pueblo de Dios sigue presente entre los creyentes de nuestros días. A menudo no hay una diferencia clara entre la moralidad de un creyente y la de un no creyente. Nuestro aprecio por el pecado -o la falta de desprecio- es similar a una persona que no conoce a Dios. No hay santidad sexual -ni de jóvenes ni de casados- y el irrespeto por el templo de Cristo (nuestro cuerpo) ya ni siquiera nos molesta, la avaricia actual es el sinónimo de la idolatría y vivimos tan enamorados del dinero como lo hace una persona sin Jesús (al punto que hemos abandonado a nuestros hijos en el proceso), hablamos igual, pensamos igual, sentimos igual, gastamos igual… ¿cómo podemos atraer a una persona a la relación con Dios si somos iguales que ellos? No te confundas… “que todos lo hagan” no quiere decir que está bien. El pecado destruye la comunión con Dios. Punto.
  2. Que la paciencia de Dios se colma.
    Dios mostró su misericordia por siglos. Fue longanime y les tuvo harta paciencia. Mandó profeta tras profeta. Sin embargo, ellos hicieron escarnio de los mensajeros, menospreciando las palabras de ellos y burlándose descaradamente. Terrible. Me temo que el mismo riesgo corremos hoy… el mismo Dios de misericordia nos advierte constantemente de nuestros desatinos… pero cuando perdemos la brújula moral y asumimos “los valores de los pueblos de la tierra” estamos listos para dar el siguiente paso: perder todo respeto por lo santo. Esto fue lo que les sucedió a los de Judá en tiempos de Sedequías. 2 Crónicas 36:16 cierra diciendo “hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio.”. Dios pierde la paciencia. Él también dice “ya basta”; y cuando sucede, no hay ya nada más que hacer. El Nuevo Testamento tiene suficiente información sobre esto… “el pecado de muerte” le llama Juan… “ser entregado a Satanás para la destrucción del cuerpo” lo expresa Pablo… es “cruzar la línea”… y todos podemos llegar a hacerlo.
  3. Que el pago de la desobediencia es caro.
    2 Crónicas 36:17-21 nos da un resumen de lo que allí pasó cuando Dios trajo contra ellos a Nabucodonosor. Un relato más detallado está en el libro de Lamentaciones (la semana pasada escribí un post al respecto, puedes leerlo dando clic acá). Los de Judá jugaron con el pecado… y perdieron estrepitosamente. Es que no se puede jugar con el pecado y ganar. En 6000 años de historia humana registrada en las Escrituras nadie lo ha hecho… ¿por qué será que tú y yo pensamos que nosotros sí nos saldremos con la nuestra? Pagaron ellos con sus vidas. También pagaron sus familias -sus hijos, nietos y bisnietos- al quedar relegados fuera de la tierra de bendición yendo al cautiverio por 70 años. El pago de la desobediencia nunca lo hace una sola persona. Tu pecado lo pagarás tú… pero las consecuencias las cosecharan los que te aman.
  4. Que la perseverancia de Dios nos consuela.
    A Dios gracias, el pasaje termina con un último movimiento de gracia por parte de Dios. Al haber pasado los 70 años, su empeño por dispensar la gracia y mantener una relación con su pueblo se hizo patente. Él despertó el espíritu de algunos de los descendientes de la nación que estaban en el cautiverio y le dio una segunda oportunidad al traerlos de vuelta a la tierra de la promesa por medio de los retornos de restauración de Zorobabel, Esdras y Nehemías. De esa segunda oportunidad estaremos estudiando los próximos meses en VidaNueva.

No puedes jugar con el pecado y ganar. Tampoco puedo yo hacerlo. ¿No crees que es tiempo de hacer algunos ajustes mayúsculos a la vida?
Espero que sea el Rey quien te indique lo que debes modificar.
Y espero que no seas testarudo resistiéndote a prestarle atención.
El audio completo del sermón del domingo está en este link, por si quieres escucharlo.

 

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “No puedes jugar con el pecado y ganar…

  1. Tantos años de historia registrados en la Biblia y tantos malos ejemplos que podemos ver hoy – suficientes para que todos veamos que no vale la pena hacer lo malo ante los ojos de Dios. Cuando es el tiempo de pagar el precio es muy alto… MUCHISIMO y NO VALE LA PENA! (Por experiencia lo digo). Es mejor hacer reajustes ahora… es mejor! ES MEJOR!

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