Lo que podemos aprender del cautiverio…


Sigo investigando-estudiando-digiriendo-entendiendo-personalizando todo lo sucedido durante el cautiverio o la cautividad israelita de la cual retornan en el libro de Esdras. Ayer fue Lamentaciones… hoy ha sido 2 Crónicas y Jeremías. Yo confieso que aunque tenía mucha de esta información “suelta” en mi cabeza, nunca había tenido la oportunidad o el interés de enhebrarla en un solo hilo de pensamiento y ver el tremendo impacto y trascendencia que este período tiene sobre el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y por ende sobre todos nosotros hoy. Lo grave es que entre más lo estudio se que “aún hay más”… y caigo en la cuenta de que no será fácil ayudar a VidaNueva a cruzar cada domingo ese enorme puente histórico-cultural-geográfico-doctrinal que nos separa de lo sucedido entre los Israelitas hace más de 2500 años. Si logramos “llegar al otro lado” de manera simple…hmmm…  las lecciones espirituales que allí encontraremos serán un tesoro que no tendrá precio.
El intento vale la pena.

Esta noche sólo tengo un pequeño pasaje que resalta en mi mente entre todo lo leído… es una de esas joyas que solemos citar los cristianos sin entender el contexto histórico (ahhh… ¿cuándo aprenderemos?) y que al comprenderla en su contexto tienen una aplicación devocional aun más poderosa para los creyentes de hoy. Me refiero a Jeremías 29:11-13 que literalmente dice:

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

El pasaje está escrito “a los ancianos que habían quedado de los que fueron transportados y a los sacerdotes y profetas y a todo el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo de Jerusalén a Babilonia” según Jeremías 29:1 Estos son los sobrevivientes del espantoso evento narrado en Lamentaciones y del que te hablé anoche… son ellos quienes reciben la amorosa consolación de un Dios que aún en el juicio se muestra lleno de gracia. Me hace pensar dos o tres cosas muy simples:

  1. El propósito de Dios siempre es restaurar. Como restauró inmerecidamente al pueblo del Antiguo Testamento aún está restaurando ahora. Quizás no lo sepas… pero él lo sabe y acá lo declara: sus pensamientos son de paz y no de mal.
  2. La restauración comienza con nuestra iniciativa. Los verbos son sencillos: invocarlo, venir ante él y orar. Cuando lo buscas, Dios oye. Nunca lo olvides.
  3. Solo buscamos ser restaurados cuando el corazón está humillado. Por eso, aprovechemos el quebranto para buscarlo de corazón. Estoy convencido que “me buscaréis de todo vuestro corazón” es una consecuencia del tremendo quebrantamiento por el que han pasado de manera humillante en Babilonia y en Persia. Bien dice la Escritura en Salmo 51: Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. 

Dios es un Dios restaurador.
Pero para restaurar, a veces, debe quebrantar primero.
Tremenda verdad ¿no crees?

Allí te dejo la inquietud…

 

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Lo que podemos aprender del cautiverio…

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