Religión utilitaria… ¿la tienes?


Sigo rumiando Malaquías. Es que el pasaje que estudiamos este domingo contenía un principio más que no te compartí ayer: la queja de Dios contra el utilitarismo religioso del pueblo (especialmente de los sacerdotes) en el tiempo de Malaquías. El versículo 10 del capítulo 1 dice:

¿Quién también hay de vosotros que cierre las puertas o alumbre mi altar de balde? Yo no tengo complacencia en vosotros, dice Jehová de los ejércitos, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda.

Cerrar las puertas y mantener el fuego encendido en el altar eran tareas propias de quienes ministraban dentro del templo. La pregunta de Dios es retórica: ¿Hay alguien que lo haga “de balde”?… ¿o todos lo hacen porque van a sacar un beneficio personal? La expresión del Gran Rey es más que significativa para quienes habitamos en una generación extremadamente utilitaria… ¿hay alguien que sirva a Dios sin sacar nada de su servicio? ¿Quién está dispuesto a ministrar sin recompensa? Piénsalo. La mayor parte de creyentes operamos ahora dentro de un esquema en el que “damos para recibir”… damos servicio y esperamos recibir una bendición a cambio. Algunos diezman para que Dios los prospere. Otros ministran para que el Señor les ayude. Algunos incluso diezman o ministran para que otros les acepten o para ganar alguna posición en la iglesia. Como dije el Domingo pasado, en nuestro amado El Salvador -y creo que en muchas partes de América Latina- hemos sido infectados por uno de los cánceres más abominables en la relación con Dios… la enseñanza de que uno debe “hacer un trato con Dios” o “hacer un pacto con Dios”… dentro de este marco de pensamiento uno le da a Dios dinero, asiste a la iglesia, sirve en la congregación, gana almas, deja ciertos pecados o practica algunas disciplinas espirituales a cambio de que Dios le bendiga. ¡Que error abominable! Abominable, abominable, abominable.
Una verdadera perversión del espíritu de la cruz de Cristo.
No en vano Dios dice que “no tiene complacencia” en semejante condición.

Esta noche te animo a que juntos hagamos un concienzudo examen de motivos en nuestras actividades “espirituales”. ¿Por qué las hago? ¿Qué saco? ¿Y si no sacara nada… seguiría sirviendo a Dios con igual ahínco? ¿Si supiera que Dios “no me va a bendecir”, tendría la misma pasión? ¿tendría tan siquiera la misma actividad?

No te tragues el anzuelo de la carne. Incluso si es predicado desde un púlpito, está equivocado. El Gran Rey se merece nuestro servicio sin importar si nos da lo que queremos o esperamos.
Di “NO” al utilitarismo religioso.

Allí te dejo la inquietud.

 

 

Nos vemos mañana.

 

Un pensamiento en “Religión utilitaria… ¿la tienes?

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