Una boda emocionante…


Esta noche tuve un privilegio inusual, inolvidable e inmerecido. Por la gracia del Rey entregué en matrimonio a Estefanía, mi hija mayor, para casarse con David, un joven caballero enamorado de Dios y de mi chiquita;  luego, junto a Checho y Steve, tuve el privilegio de oficiar la ceremonia de casamiento y declararles “marido y mujer”ante un puñado de invitados. Como puedes imaginarte, el caudal de emociones en una situación así es insospechablemente abrumador. En estos 25+ años de ministerio he casado a -literalmente- cientos de parejas,  pero es válido decir que lo que sucedió esta noche perdurará mientras viva como un tesoro en mi corazón. Para Patty y para mí hoy culmina una de las más preciosas etapas de la vida… y comienza una dimensión nueva de la familia.

¿Emociones? Sí. ¡¿Cómo no tenerlas en la boda de tu hija?! La mera verdad es que en mi mente hay un amasijo de sentimientos… a Dios gracias, todos positivos. Alegría… esperanza… satisfacción… paz… gozo… súmale a eso la nostalgia propia de un evento como este y corónalo con el cansancio físico-mental-emocional de lidiar con las preparaciones de esta noche y probablemente puedes imaginarte como nos sentimos Patty y yo.
Agotados. Simplemente agotados.
Pero también abrumados de ver la gracia del Rey sobre nosotros.
¡Que Dios bendiga a los esposos!… y los use para su gloria.

 

Nos vemos mañana.

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