Sobre como sacarle el jugo a los problemas cotidianos…


Dios tiene cierto sentido del humor, ¿no crees? Esta mañana, mientras me preparaba a enseñar las últimas dos sesiones de mi clase de seminario para este semestre Dios me dio a mi una clase privada de paciencia. En las clases mencionadas  discutiríamos -entre otras cosas- como el crecimiento espiritual es imposible hasta que comenzamos a aceptar nuestros problemas cotidianos como parte del paquete por el que Dios nos hace crecer así que…uhhhh… ¿cómo decirlo? …él permitió que algunos inusuales “problemas cotidianos” me sucedieran. Como muestra, dos botones: las llaves de mi carro “se extraviaron” en mi casa. Simplemente no estaban. Nada. Cero. Nothing. Niente. Perdidas. Extraviadas. Creo que me entiendes. Si alguna vez has ido de prisa a un evento importante y has pasado por un episodio así sabes que puede ser un tanto “frustrante”. Durante las siguientes dos horas, literalmente, le di vuelta y puse cabeza arriba a toda mi casa… cada gaveta, cada bolsa, cada cajón …cada sofá, cada cama, cada closet y cada rincón fue revisado, cateado, inspeccionado, desarmado, volteado, y registrado intensamente en dos, tres y hasta más ocasiones. Por cierto, no hay una llave de repuesto para ese carro (y no puede hacerse por ser “electrónica”). Así que me vi forzado a cambiar mis planes. ¿Cómo reaccionaría a las circunstancias de la vida?… bueno, eso es precisamente lo que me tocaba enseñar hoy.
Como te dije, Dios tiene sentido del humor.

La segunda muestra del humor de Dios es que, mientras Patty se dirigía a una diligencia temprana en nuestro otro vehículo -un viejito, pero fiel Toyota- alguien apurado por la prisa le chocó en el guardafango trasero. A causa de la hora pico de tráfico, mi esposa decidió indicarle la dirección de la Iglesia y pedirle que “pasara por allí para pagarnos el importe del golpe” si así lo tenía a bien. No le tomó nombre, dirección, placas de carro, documento de identidad, teléfono, fotos, huellas dactilares, historia familiar, ni nada de nada de nada de nada… (así es: Nada. Cero. Nothing. Niente). Si quería, pagaba… si no quería, las estadísticas indicaban que probablemente nunca jamás sabríamos de ella. Quizás Dios en su humor quería enseñarme algo sobre mi reacción en los momentos difíciles. No hay nada como un “pequeño problema cotidiano” para saber cuanta paciencia uno tiene.

Lo interesante del caso es que las llaves de mi carro aparecieron más tarde… “como por arte de magia”. Estaban en el lugar menos pensado… pero que de todas maneras había sido revisado en mi intensa búsqueda de más temprano. La lección ya estaba enseñada -y espero que aprendida de mi parte- y a él le plació devolverme el objeto de mi prueba. Súmale a eso que, al mediodía, en la oficina de la Iglesia avisaron a Patty que “alguien desconocido la buscaba”. Al salir se dio cuenta que era la señora con la que había tenido el pequeño accidente, quien “disculpándose por la tardanza” (de apenas unas horas) había buscado la iglesia y llegaba a pagarnos el costo del golpe. Una vez más, la lección estaba enseñada -y espero que aprendida de nuestra parte- y a él le plació devolvernos el dinero que costaría arreglar nuestro carrito.
Nada como los “pequeños problemas cotidianos” para recordar que Dios está en control.

¿Sabes?, Dios tiene sentido del humor. Él posee una habilidad increíble para hacer que cualquier lección teológica-doctrinal-bíblica-teórica sea probada y comprobada de manera profunda por quienes nos metemos a enseñar desde cualquier plataforma. Él usa los problemas cotidianos para que crezcamos.
Y lo hace sin previo aviso.

Moraleja de la historia: las llaves deben guardarse en un lugar seguro, todavía hay gente honesta en este mundo y Dios sabe como enseñarnos que “aceptar con paciencia” nuestros problemas cotidianos es muchísimo más que una idea teórica, es una actitud que debe llevarse a la práctica pase lo que pase.
Lección aprendida.
Al menos, eso espero.
Te la comparto por si alguna vez tienes alguna situación similar.

 

 

Nos vemos mañana.

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