¿Feliz o gruñón?



 

 

 

 

 

 

 

Esta noche tuve la oportunidad de compartir el último estudio en el libro de Filipenses… mi texto fueron los tres últimos versículos (Filipenses 4:21-23). Mira lo que dice exactamente:

“Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan. Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.”

Este es uno de esos pasajes en la Biblia que todos los cristianos sentimos deseos de “pasarlos rápido” al estar leyendo, simplemente no parecen tener mucho que enseñarnos. ¡Que equivocados estamos! A decir verdad, ni me alcanzó el tiempo para enseñar a la Iglesia una pequeña parte de lo que aprendí de él y no me alcanzaría el espacio en este post para resumir correctamente lo que expuse; pero, te doy al menos una cápsula.  El texto habla de relaciones entre creyentes… no dejes que te engañe el término “saludar” aplicándole precipitadamente el concepto moderno de “decirle hola” o “hacer una mención cordial de amistad” a otros a tu alrededor. La palabra se traduce como “abrazar” y se usa para establecer relaciones concretas, cercanas, permanente, abiertas y profundas. Por eso “los hermanos” les mandan saludos a “los santos”… incluso los de la encumbrada y temida (pero de alguna manera evangelizada) DOMUS AUGUSTA o “la casa de César”.
Lección: Saluda a los hermanos en tu iglesia; establece relaciones profundas.
Hazlo con los brazos y la mente abierta.

Pablo termina con el deseo de que los de Filipos fueran receptores de la tan necesitada gracia de Dios. Sin la gracia no somos nada… por la gracia de Dios somos lo que somos. Si no entendemos la gracia seremos soberbios por nuestros logros y estaremos envidiosos y amargados por los logros de los demás. Si comprendemos la gracia (al menos un poquito) la gloria de todo le será cedida de inmediato al que se merece el crédito: al Rey mismo.

Pero… ¿en donde caben Gruñón y Feliz en esta historia? Bueno… si comprendes la gracia y has madurado para tener un corazón agradecido por la intervención constante, directa, buena, justa y apropiada del Rey en cada circunstancia de la vida puedo apostarte a que tu carácter será mucho más parecido al del proverbial enanito Feliz… pero si eres Gruñón (“Grumpy”, malhumorado, molesto, gritón, disgustado, amargo), puedo apostarte que estás inmaduro y que no sólo necesitas más gracia del Rey… es necesario que entiendas la que él ya te dio. Un Feliz acepta el bien propio y el ajeno comprendiendo que son producto de la gracia de Dios. Un Gruñón… a un gruñón no hay nada que le satisfaga… y entre más tiene más quiere.
Por supuesto, sus relaciones serán un desastre.

Entonces… ¿qué me dices?
¿Feliz o gruñón?
Hmmm… ¿con cuál de los dos enanitos te compararían los que viven y trabajan contigo?

No digo nada más… ni tengo tiempo de hablarte de Mudito, Sabio, Mocoso, Tímido y Dormilón…
Pero, de Feliz y Gruñón sí  te dejo la inquietud…

 

 

Nos vemos mañana.

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