No temas ser cuestionado…


Dime qué piensas de las dos siguientes declaraciones:

“La mayor parte de problemas en las iglesias contemporáneas pueden explicarse por el hecho de que los miembros nunca han decidido seguir a Cristo”

“¿Con qué autoridad o sobre cuál base bautizamos a alguien que no tiene la intención de ser un discípulo o seguidor de Jesús? (o le aseguramos su salvación)”

Ambas fueron escritas por Dallas Willard en “La Gran Omisión”, el libro de texto que nos está sirviendo como la base para una ronda de reflexiones en la materia de Filosofía del Discipulado en el SBVN. Esta mañana, mientras “regresaba” a dar mi cátedra y todos en el salón de clases poníamos a girar los engranajes de nuestros cerebros para argumentar y contra-argumentar, me fue obvio recordar que el mejor aprendizaje no llega por la enseñanza directa y magistral de algún hábil maestro, sino por los procesos de reflexión -lo que alguien ha llamado el debate interior– que permiten al Espíritu Santo enseñarnos en lo profundo de la mente. El proceso que seguimos en esta sección de la materia es muy simple: el estudiante lee un(os) capítulo(s) del libro… el maestro busca los ángulos del contenido que aportarán a la formación de una filosofía de discipulado más sólida y los plantea en forma de preguntas abiertas a la clase… y la discusión comienza. El trabajo que me queda como maestro es estimular y moderar la discusión y concluir de manera que todos aprendamos “conceptos concretos”.
Me gusta.

La mera verdad es que todos necesitamos -al menos de vez en cuando- que nuestros paradigmas sean confrontados y sacudidos. Si los mismos son bíblicos -y en nuestro cuestionamiento somos racionales- nunca debemos temer ser cuestionados… de hecho, el que nuestras convicciones sean revisadas “desde un ángulo distinto” y sean puestas bajo la lupa (o bajo el microscopio electrónico) siempre será beneficioso para nuestra fe. “La verdad es la verdad” de cualquier manera en que la pongas… y cuando la verdad es liberada en nuestras mentes siempre produce ese particular efecto de mostrarnos nuestros errores. Esta mañana -por ejemplo- discutimos como las implicaciones del mandato de “hacer discípulos” que Jesús dejó a sus seguidores exigen que revisemos nuestros métodos de evangelismo… el contenido y la intención con la que presentamos el evangelio y el resultado final que este evangelio debe tener en la vida de quienes lo abrazan: piénsalo, se trata de muchísimo más que simplemente “ir al cielo”. Él no dijo “hacer convertidos”… ni dijo “hacer evangélicos”… ni siquiera pidió que “hiciéramos cristianos”; no… la petición era plana y llana: “hagan que otros se vuelvan estudiantes, seguidores e imitadores míos en todos los rincones del planeta… a estos bautícenlos y enséñenles a que guarden todas las cosas que les he mandado”. Entonces, la pregunta resulta muy poderosa: “¿Con qué autoridad o sobre cuál base bautizamos a alguien que no tiene la intención de ser un discípulo o seguidor de Jesús?” Y, al observar el panorama desolado del cristianismo hoy, ¿no dirías que “la mayor parte de problemas en las iglesias contemporáneas pueden explicarse por el hecho de que los miembros nunca han decidido seguir a Cristo”?
Haz tú tu propio análisis de ambas declaraciones.

Esta noche te animo a no temer nunca la confrontación de las ideas que sostienen tu fe. Si son bíblicas -y “razonas racionalmente”- el proceso de análisis y debate solamente te fortalecerá. Si no son bíblicas… el problema no es que las cuestiones sino que las tengas.
Nunca temas ser cuestionado.
Allí te dejo la inquietud…

 

 

Nos vemos mañana.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s