Desoxidación…


Esta tarde junto con William Flores, William Zetino y Rafael -Wichi- Domínguez tomé un par de horas para ensayar el programa de Himnos clásicos que cantaremos en el Campus Miralvalle de VidaNueva este Jueves y Viernes por la noche. Volver a sentarme en el banquillo del piano con el objetivo de acompañar a una congregación fue un desafío para mi memoria… y para mis dedos. No sé cuántos años han sido desde que dejé de tocar formalmente algún instrumento musical (algo que fue parte de mi vida normal durante mucho tiempo), así que hubo que quitar algunas telarañas mentales y echar un poco de aceite a las falanges -figuradamente hablando, claro- a fin de estar listos para estas primeras dos Noches de Clásicos en nuestra iglesia.

¿Sabes?, con gusto regreso a tocar y desoxido mis dedos… pero quiero desafiarte a ti que eres parte de la congregación a que te decidas a adorar a Dios con toda el alma y desoxides la lengua, la quijada, los pulmones… y si es necesario, ¡hasta el corazón mismo! De vez en cuando “presto atención” y me inquieta ver iglesias (VidaNueva es una, pero no la única) en la que, durante el culto, algunos no cantan en los momentos de cantos… no oran en los momentos de oración… y no estudian la Biblia en el momento del estudio. Añádele que no conversan con otros en los momentos en los que el programa se presta para esto y el resultado es que uno debe considerar que “algo anda mal”… algo está oxidado, enmohecido, trabado, atorado, anquilosado… y debe ser resuelto. Pero el problema no es solamente en los cultos… el libro de Hebreos nos habla de levantar las rodillas paralizadas… Oseas nos desafía a “hacer para nosotros barbecho” (que no es más que golpear el suelo endurecido para poder ser arado)… igualmente, las finanzas de muchas iglesias muestran que las carteras y chequeras de muchos miembros -que se benefician espiritualmente de sus congregaciones- no han tenido movimiento en años (algo de lo que te hablaré más detenidamente en alguna otra ocasión)… y la misma realidad sucede a nivel de ministerio, de servicio, de testimonio.
Si ese es tu caso, necesitas -te urge- desoxidarte.
Ni más, ni menos.

La verdad es que cuando no hay mantenimiento constante todos tendemos a oxidarnos en la vida espiritual. Y -al igual que las piezas metálicas que ves en los sitios públicos que no reciben atención apropiada- la única manera de revertir el proceso de enmohecimiento es por acciones concretas, intencionales, personales.

Antes de que termines de leer este post y pienses “que esto no va contigo” esta noche deseo para ti que -si es tu caso- el Espíritu Santo te muestre las áreas específicas en las que el moho se ha desarrollado y que necesitas que sea desoxidado.
Ahhh… y te animo a que -si eres de VidaNueva- adores al Rey con los clásicos este jueves y viernes.

 

Nos vemos mañana.

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