1 Pedro 5:5 (y II)


Anoche te escribí sobre la primera parte del pensamiento final de 1 Pedro 5:5… “Dios resiste a los soberbios”… ahora quiero dedicar mis líneas de esta noche para que pensemos en el complemento de tal declaración: “Y da gracia a los humildes”
Acá voy:

  1. La expresión completa parece ser una paráfrasis de la declaración de Salomón en Proverbios 3:34, y constituye uno de los mayores “golpes” al ego del ser humano en cuanto a relacionarse con Dios se trata. Aquel texto literalmente dice “Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores, y a los humildes dará gracia.” y -como cosa curiosa- de las 75 veces que aparece en el Antiguo Testamento la palabra acá traducida “humilde” … 71 ocasiones se traduce como “pobre” o “afligido” y solo en 4 ocasiones hace la referencia directa al carácter como un producto terminado de la humildad en uno de nosotros. La idea es que un humilde “ha sido humillado”… palabras difíciles ¿no crees?
  2. Lo que se le ofrece a quien pasa por la experiencia de la humillación -que puede ser voluntaria o hmmm… digamos que “provocada”- no es el auxilio para salir de sus situación humillante ni un seguro de incendios que le garantiza que nunca le sucederá en otra ocasión, sino que Dios nos otorga la gracia necesaria para soportar la crisis que en ese instante nos agobia. Fue a Pablo mismo a quien Jesús le dijo la famosísima frase: “bástate mi gracia”… tales palabras continúan vigentes.
  3. La gracia -por cierto- es la que nos da las fuerzas para seguir adelante en los momentos de adversidad. Santiago 4:6 nos hace saber que la gracia que Dios concede es una “mayor gracia” (o mega-gracia). Piénsalo. La gracia es al alma de un creyente lo que el oxígeno es al cuerpo: sin gracia, no hay vida verdadera. El punto de Pedro es que sin humillación… no hay gracia. Piensa en tal declaración y saca tus conclusiones.
  4. No en balde, el pasaje siguiente se abre con una declaración trascendental: humillaos. Cuando encuentres en la Palabra de Dios un término redactado en imperativo pero que también es reflexivo, la responsabilidad de la acción es puesta por completo sobre los hombros de quien es humillado. Al ser humillado, hallará gracia… al hallar gracia recibirá todo lo necesario para esta vida.

La pregunta para ti esta noche es evidente: ¿describe tu vida la última frase de 1 Pedro 5:5? ¿Eres humilde? ¿Te has humillado? ¿Eres el receptor -y por ende, el dispensador- de la gracia de Dios? ¿O sigues “haciendo pulsos” y oponiéndotele a su guía divina?

¿Que prefieres? ¿La oposición de Dios … o su gracia?
¿Hacerte el altivo o humillarte?
Honestamente, ninguno de los dos es fácil… pero las consecuencias de una vida en la gracia resulta ser muchísimo mejor que la bravuconería de creerse algo… ¡no siendo nada!

Allí te dejo la inquietud…

 

 

Nos vemos mañana.

 

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