1 Pedro 5:5 (I)


Sinceramente… ¿alguna vez has pensado que puedes “ganarle” a Dios? Quiero decir… ¿en verdad crees que tus fuerzas serán superiores a las de él? Esta noche pienso en una de las frases que nos ocupará este fin de semana en el estudio de 1 Pedro 5… es una frase clásica, de esas que todos los creyentes conocen pero que rara vez dimensionamos de forma correcta. Al hablar a los jóvenes en 1 Pedro 5:5, el apóstol dice:

“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”
Así es… la primera parte de tal frase debería hacer que nos detuviéramos y pensáramos por unos instantes: “Dios resiste a los soberbios”. Literalmente, el Creador de todo lo que existe, poseedor de todo el poder y de toda la sabiduría se opone a los soberbios con el propósito de derrotarlos. ¿Quien crees que gana? ¿El soberbio? Por supuesto, la respuesta en papel y en teoría es demasiado evidente como para si quiera discutirla; sin embargo, te propongo que cuando somos soberbios -precisamente por causa de nuestra soberbia- creemos que no hay nadie que sea más, sepa más, pueda más, entienda más, conozca más o tenga más razón que nosotros.
Y somos tan insensatos que nos oponemos a Dios mismo.

La soberbia es un sinónimo de la altivez… es “el apetito desordenado” de ser preferido sobre otros. Es “tener hambre sin control” de tener la razón y creerse superior. Sucede entre esposos, entre padres e hijos, entre creyentes, entre líderes espirituales. El soberbio cree que siempre se saldrá con la suya… piensa que puede engañar a todo el mundo manteniendo escondida su vida doble o su falsa moralidad. En ese son, maltrata a cuantos se le ponen al paso, menospreciando su inteligencia y pisoteando moral, social, física, espiritual y a veces hasta sexualmente a quienes él piensa que son menos que él. La Biblia tiene noticias para “los nuevos” (otra manera de traducir la palabra “jóvenes” que está en el contexto de 1 Pedro 5): Quien es soberbio podrá no tener rival en la tierra, en su iglesia, en su ministerio, en su hogar, en su realidad cotidiana…pero Dios sí se le opone. Y ante Dios, hasta el más soberbio no pasa de ser un enclenque y endeble alfeñique de poco peso y poca monta.

Esta semana, tú y yo tendremos muchas -muchísimas- oportunidades para dar rienda suelta a nuestra soberbia. Ya sabes… podemos ganarles a todos los “más débiles” en nuestro entorno… pero ante Dios, no tenemos ni la más mínima oportunidad.
Así que… si tienes la costumbre de maltratar a otros… (hmmm… el término de moda es “bullying”), no te olvides a quien te opones.
Pídele a Dios que te socorra en tal caso.
Pero no lo hará, …porque precisamente estará ocupado en tu contra.

Nos vemos mañana.

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