El síndrome (espiritual) de Peter-Pan…


El síndrome de Peter-Pan… la sicología moderna le ha dado nombre desde la década de los 80’s, pero no ha podido encontrar una razón orgánica como la causa definitiva… es -dicen los expertos- un problema más bien actitudinal. El nombre en sí lo dice todo… Peter Pan (el famosísimo personaje de cuentos creado por el escocés James Matthew Barrie a principios del siglo XX) es el epítome de la inmadurez… tanto así que en su adolescencia se resiste a crecer y toma la decisión de permanecer siendo niño para siempre. Los sicólogos hoy llaman al deseo compulsivo de no madurar con el nombre del volador personaje… basta con googlear el nombre y verás que los síntomas van desde la irresponsabilidad y la baja autoestima hasta la intolerancia al sufrimiento y el egoísmo sin control. Quienes lo poseen se hacen viejos… pero nunca maduran.
Me temo que los sicólogos se han quedado cortos en sus apreciaciones.
El problema más grande no es la inmadurez emocional… sino aquellos que no quieren crecer espiritualmente.
Así es: “El síndrome (espiritual) de Peter-Pan…”
¿Lo padeces?

Mañana en VidaNueva aprenderemos que madurar no es otra cosa que volvernos responsables… no sólo de nosotros mismos, sino de los que aún son inmaduros. Madurar es parecer a Jesús… y Jesús era -entre otras cosas- un pastor de gente que cuidaba (era responsable) de un rebaño en crecimiento. A los maduros, Pedro les llama “ancianos” y -más que un título funcional o jerárquico en una Iglesia moderna- era el señalamiento de que una persona estaba madura. El término “PRESBUTEROS” (o presbíteros, como lo traduciríamos) hablaba de alguien “mayor” o de más edad (como el caso del hermano mayor del hijo pródigo, llamado con el término presbítero en los evangelios). Dios quiere que todos maduremos… que lleguemos a la estatura de un varón perfecto… y que pastoreemos a otros.

Pedro no estaba pensando (¡por supuesto!) en el ministerio pastoral como ahora lo concebimos… tú sabes, pastores de saco y corbata con púlpitos pesados y biblias grandes predicando sermones largos los domingos por la mañana y visitando enfermos en los hospitales o tomando café en las casas durante la semana. No, él pensaba en pastores de ovejas que representaban con exactitud el trabajo que un maduro debe hacer: dar de comer pasto a las ovejas más jóvenes (apacentar) y cuidarles (supervisando o sobreviendo) de los peligros que les impedirían llegar a la madurez. Pastores como esos eran humildes -ser pastor de ovejas era uno de los oficios más bajos en la escala social del primer siglo- y podían por tanto cuidar ovejas “a la fuerza, por sacar algo y para sentirse líderes”. Pedro advierte que tales actitudes son inadmisibles en los maduros, quienes deben cuidar personas “voluntariamente, con ánimo siempre dispuesto y con vidas ejemplares que levanten, ante las ovejas, la barra de lo que es el cristianismo”. El Príncipe de los pastores (nos) recompensará con la corona incorruptible de gloria a quienes así lo hagan (un pensamiento que merece un post completo por aparte).

Pero, para cuidar ovejas, por supuesto… debes madurar. A no ser que tengas el síndrome espiritual de Peter Pan y nunca quieras dejar de ser un niño en la fe..
¿Lo tienes? ¿Lo padeces?
Al igual que Pan… las evidencias lo dicen todo.
Allí te dejo la inquietud…

 

 

Nos vemos mañana.

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