El que no vive para servir…


…no sirve para vivir. Exceptuando contados casos en los que el servicio es físicamente imposible -por razones de salud, de edad o limitaciones similares- estoy más que de acuerdo con esta famosa frase. Dicho de manera más simple: el que no sirve… ¡no sirve!
¿Es muy alta tal expectativa?
Para nada. Es la manera bíblica de ver la vida.

Pedro lo dijo de una manera más elegante: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”… estudiamos tal comando rápidamente este fin de semana pasada. Servir es parte inherente de la vida cristiana, no puedes separa el ministerio del cristianismo; es un reflejo del carácter y la personalidad de nuestro Rey (quien vino para servir y no para ser servido). Aunque sí es algo voluntario, no es optativo, discrecional u opcional. Al convertirte, recibiste un don -una capacidad sobrenatural para servir a Dios- y ahora te toca echarla a funcionar ministrando a los demás.
¿Lo haces?

Esta noche, en un buenísimo tiempo de sobremesa con algunos otros líderes de fuera del país (algunos amigos queridos desde hace décadas) tocamos -entre otras cosas- el tema de la falta de disposición al servicio que se evidencia en la vida de muchos creyentes… después de varias horas, sigo pensando en lo mismo. ¿Sabes?, las excusas para no servir son muchísimas, algunas escandalosamente válidas y otras ridículamente insensatas… sin embargo, mucho me temo que buenas o malas siguen siendo una misma cosa: excusas.
Y ya sabes la creencia popular: desde que se inventaron las excusas, nadie queda mal.
Hmmm… me temo que eso no está en la Biblia ¿verdad?

El domingo pasado aprendimos que la gracia de Dios no esta completa en tu entorno hasta que tus dones se han activado y estás sirviendo a Dios en la mejor de tus capacidades. Esta noche quiero animarte a que no pongas excusas y te decidas a servir en la Iglesia en la que Dios te ha puesto como miembro; estoy seguro que -si es una buena iglesia- sobrarán lugares donde puedes echar a funcionar tus dones. Si no los hay, crea un espacio ministerial y sirve. Si no se puede en la iglesia, busca una manera de servir con tu vida en el lugar en el que trabajas o estudias… forma un ministerio… arriésgate, haz lo que sea para servir a aquel que te dio una infinita cantidad de razones para que lo ames y lo sirvas.

Por supuesto, para servir mejor debes prepararte. Pero -por lo que más quieras- no te vuelvas uno de esos cristianos que se la pasan aprendiendo y aprendiendo, de seminario en seminario, de capacitación en capacitación… de curso en curso… ¡y que no sirven en su Iglesia! Servir no es sinónimo de liderazgo (aunque el buen líder siempre sirve)… es más bien sinónimo de sumisión, disposición, buena voluntad y disponibilidad. Servir es la actitud incontenible que nace de un corazón que se las arregla para hacer que su intención de avanzar el reino se ejecute de una manera u otra.

Las expectativas que Dios tiene de ti son altas… y no se tratan de que “logres algo” en la vida cristiana, sino de que le sirvas con sabiduría en todo lo que te venga a la mano realizar para él. Sirve, mi amado hermano, sirve.
Si no lo estás haciendo, ¿cuál es tu excusa?

 

Allí te dejo la inquietud…

 

 

Nos vemos mañana.

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