El síndrome del techo de cristal…


Existe un viejo adagio que reza “teniendo el techo de cristal, no le tires piedras al vecino” (o algo parecido)… esta peculiar perspicacia popular refleja una tremenda verdad de la naturaleza humana: a todos nos cuesta darnos cuenta de la fragilidad de nuestra condición ante los demás, y de lo fácil que es que otros vean y señalen nuestros defectos.
Por supuesto, a nadie le pasa esto más que a quienes son considerados líderes.

Haz la cuenta. El síndrome del techo de cristal le sucede a los políticos, a las celebridades, a los jefes y a cualquier otro que tenga una presencia pública en su comodidad… le pasa a maestros, a padres de familia y a las autoridades;  sin embargo, es especialmente evidente en todos aquellos que hayan decidido enarbolar un principio noble por el cual vivir. Si estás en el ministerio este es precisamente tu caso. Pastores, líderes de ministerio, misioneros, discipuladores y maestros debemos estar conscientes de lo fácil que es que una pedrada caiga en nuestro techo; y no asumir que “es un ataque del enemigo” sino que más bien es una consecuencia de nuestra humana fragilidad.
Por eso: cuida tu techo nunca iniciando una guerra de piedras.

La Biblia lo dice de maneras simples, para ello usa a veces metáforas poderosas que sobrepasan las barreras del tiempo o de la cultura (como Salomón cuando dijo en Eclesiastés que “Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable”) o a veces nos proporciona ejemplos palpables de líderes que fueron confrontados en público por causa de su erróneo comportamiento (como Pablo cuando asertivamente le señaló a Pedro por su hipocresía legalista y dijo en Gálatas “cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar”). La advertencia bíblica es clara: todos somos “exhortables” por lo que todos debemos vivir con cuidado.
El sabio de Eclesiastés y el Apóstol Pedro tenían algo en común: su techo era de cristal.

¿Sabes? puedes tratar de ignorar la fragilidad de tu testimonio, puedes pensar que has blindado el techo, puedes tratar de defender (y/o ocultar) lo que pasa “bajo tu techo” o incluso puedes pretender que en tu vecindario no hay piedras sueltas y que a ti no te pasará… pero, de todas maneras, tienes el techo de cristal.
Se prudente. Se paciente. Se misericordioso. Se lleno de gracia.
Con la medida con la que mides, con esa serás medido.
O puesto de otra manera: el tamaño de la pedrada que recibas es directamente proporcional a las piedras que usas en tu trato con otros.
Allí te dejo la inquietud.

 

Nos vemos mañana.

 

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