Un intento de madurar a los más maduros…


Debo confesar que he esperado con ansias que llegue el 15 de Septiembre desde hace meses. Esta fecha -en la que las naciones de CentroAmérica celebran sus fiestas patrias- es el momento que escogimos hace mucho tiempo para el inicio de uno de los procesos más emocionantes en los que una iglesia se puede embarcar: el intento de madurar a los más maduros.
Te cuento.

Como te he dicho muchas veces, el discipulado es “el proceso en el que una persona se convierte cada día más en alguien parecido a Jesús”. No es un programa. No es casual, natural o espontáneo. Es más bien un proceso volitivo e intencional que se inicia en el corazón del discípulo y que le lleva a procurar la ayuda de Dios y de quien sea que Dios ponga a su disposición para lograrlo. En otras palabras, sólo crecen los que quieren madurar hasta el punto que están dispuestos a acomodar las realidades de su vida para dar paso a este crecimiento. Discipular -un verbo que no existe en el idioma español- es entonces “la relación personal profunda entre dos creyentes, en la que el más maduro transfiere fielmente su calidad de vida espiritual al otro, compartiendo la doctrina, la conducta y el propósito de los verdaderos cristianos”.
El discipulado -contrario a la creencia común- no es sólo para los recién convertidos.
Es para todos -por “maduros” que estemos- los que queremos seguir creciendo.
Es para quienes “no lo hemos alcanzado”, pero queremos proseguir a la meta.
Es para quienes aún “nos falta” para conformarnos a la imagen de Jesús.

Crecer así cuesta. No es fácil. Es complicado. Requiere de tiempo, energía, dinero y esfuerzo. Que una iglesia se enfrasque en discipular es una complicación de la vida… una sacudida real al status quo. Hay que dejar de hacer lo que siempre se ha hecho; y eso es una de las mayores amenazas a cualquier estructura religiosa. Por eso, la mayor parte de iglesias no sólo no tienen un programa de discipulado “para los nuevos”, sino que carecen de una filosofía en la que su ministerio esté diseñado para que todos en la congregación -aún los líderes- crezcan para ser como Jesús. Créeme, no digo esto como una crítica a nadie (Dios me libre de juzgar al criado ajeno) pero sí lo expreso con tristeza en el corazón.
Por eso me alegra el lanzamiento de IDEM.

A través de los años hemos hecho diferentes intentos para madurar a los más jóvenes en la fe… y también para fomentar que nuestros líderes crezcan… al ver hacia atrás pienso que algunos de estos intentos han sido acertados, otros no. Pero la “ofensiva” de crecimiento que estamos lanzando a través de IDEM es muy prometedora. Me anima. La dinámica es demasiado compleja para ponerla en este post, pero baste decir que un grupo -grande- de tutores iniciarán procesos de mediano plazo (3 años) con líderes que les serán asignados. Esto implica “mucho trabajo de muchos que moverá mucho a muchos en muchas áreas para lograr mucho crecimiento”.
No será cómodo.
Pero ningún crecimiento lo es.

Esta noche me voy a acostar animado. Mañana promete ser un buen día… todos lo son, pero la oportunidad de que el Reino se expanda lo hace verdaderamente especial.
Ya te contaré.

 

 

Nos vemos mañana.

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