Un triángulo de oro…


Conformarse a la imagen de Jesús es el objetivo del crecimiento de todo creyente… o por lo menos debe serlo. Sin embargo, aunque el concepto suena bien -y es muy sana doctrina- de más está decir que “aterrizar” de manera práctica qué es lo que conformarse a la imagen de Jesús significa en la vida diaria es difícil… para la mayor parte de cristianos “ser como Jesús” es una idea nebulosa.

Esta mañana, en la clase de Filosofía del Discipulado que estoy impartiendo en el Seminario de Vida Nueva tomamos un tiempo para reflexionar sobre este punto. Uno de los libros que estamos usando para desarrollar la clase es “La Gran Omisión” de Dallas Willard, así que tomé prestado su “triángulo de oro” para ayudar a los estudiantes a determinar algunos “indicadores de gestión” que nos orientaran en cuanto a las metas cualitativas del discipulado. Estoy seguro que no es la única manera de entender las implicaciones prácticas de ser como Jesús, pero a mí me resultó de mucha ayuda cuando lo leí por primera vez. Enseñé el diagrama que aparece en la parte superior de este post como un intento de resumir de manera gráfica las ideas del autor para nuestra clase.
Así que, te lo dejo para lo que pueda servirte.

Willard propone que esto de la transformación espiritual requiere de tres aspectos valiosos que presentan una interrelación inseparable: (1) la capacidad de aceptar los problemas cotidianos como parte del plan de Dios para formar a Jesús en nosotros, (2) una interacción con el Espíritu Santo dentro de nosotros -y su movimiento en derredor nuestro- y (3) la práctica de disciplinas espirituales, “actividades especiales” como les llama él, tales como la soledad, el estudio, el servicio -especialmente el hecho de manera anónima- el ayuno y la adoración.
En otras palabras: crecemos por una mezcla de crisis, Espíritu Santo y disciplina.
Si te preguntas ¿dónde está la Biblia en esto?, es evidente que en la parte de la disciplina
Hmmm.. pienso que hay mucha perspicacia en estos conceptos, ¿no crees?

Mi propuesta esta mañana en la clase es que conformarnos a la imagen de Jesús no sucede espontáneamente, no pasa naturalmente y no sucede “por casualidad”. No debemos esperar que los años pasen y “un día amanezcamos maduros, pareciéndonos a Jesús”. Pruebas y crisis siempre habrá… no importa si eres creyente o no. La presencia del Espíritu Santo en tu vida está allí si eres creyente (aunque no necesariamente la interacción con él, algunos creyentes ni están conscientes de la presencia del Espíritu, menos de la posibilidad de tener una relación genuina con él). Las disciplinas… hmmm… me temo que esas rara vez están presentes; si al caso, de manera aislada e indisciplinadamente… en tal caso la práctica intermitente de tales actividades nos convierte en discípulos indisciplinados… una contradicción de términos en sí misma.

Esta noche te comparto el triángulo de manera breve -y te recomiendo el libro de Willard- para que hagas una autoevaluación y te contestes si tu triángulo tiene tres lados… para que luego hagas algo al respecto. Piénsalo. Entender el triángulo y no hacer nada para crecer no tiene ningún sentido. Estoy seguro que Dios te presentará este mismo día con oportunidades para enfrascarte en el desarrollo de al menos uno de los lados del triángulo… y probablemente con los tres lados a la vez.

Como te dije, conformarse a la imagen de Jesús es el objetivo del crecimiento de todo creyente… o por lo menos debe serlo.
¿Estás creciendo para ser como él?

 

 

Nos vemos mañana.

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