Sobre padecer por la justicia…


Hemos estado estudiando por semanas un largo argumento de Pedro en su primera carta que habla de la manera en la que podemos “hacer callar la ignorancia de los hombres insensatos”. La clave es “hacer el bien”, ser de bendición, ser humildes… nada que sea fácil aunque ciertamente resulta muy desafiante. Yo he aprendido mucho (siempre creo que soy el que más se beneficia de la predicación), aunque creo que igualmente bueno ha sido para la Iglesia… este es uno de esos momentos en los que como pastor me siento contento porque escuchamos a Dios y “dimos en el clavo” al decidirnos por el libro que estamos desarrollando expositivamente.

Este domingo el mismo Pedro nos hará dar un pequeño giro y contemplar una verdad que debe ser considerada… realidad que es producto de la vida misma y de la injusticia en la que este mundo caído se encuentra. La pregunta que surge del texto es común, casi universal entre los seguidores de Jesús: ¿Qué pasa cuando padecemos por hacer todo bien? ¿No debería Dios rescatarnos? O mejor aún… ¿no debería Dios evitar que tal cosa sucediera?
La respuesta de Pedro: sufrir por la justicia también es una bendición.
Léelo tú mismo en la primera parte de 1 Pedro 3:14:

Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois.

 

¿Te ha sucedido alguna vez? ¿Te ha pasado que por hacer las cosas correctamente has salido trasquilado? Los latinoamericanos usamos varias expresiones que implican tal situación (uno muy coloquial es el que reza: “algunos por persignarse, se arañan”). Por indignante que nos parezca -como aprenderemos el domingo- el que tú y yo padezcamos por causa de la justicia no debería causarnos mucho sobresalto. Jesús mismo en el Sermón del Monte dejo claro que bienaventurados son “los que padecen persecución por causa de la justicia”. Claro ¿no?

Esta noche te animo a ti que por tu alianza con el Rey, por tu determinación de hacer las cosas correctas y mantenerte dentro de los parámetros de rectitud que la palabra te pide enfrentas algún tipo de oposición, menosprecio, maltrato, padecimiento o sinsabor de cualquier forma. Te recuerdo la instrucción de Pablo a los Gálatas: “no nos cansemos de hacer bien”. De manera que, sigue adelante; no te agotes, no te desanimes, no te eches para atrás… aún si esto implica que tengas que ceder el orgullo o la comodidad a alguien que no se lo merece. Por cierto, lo último que deberías tener hacia quien te hace sufrir es tenerle temor (que es lo que regularmente sucede cuando sufrimos). Quien sea que te esté haciendo padecer no es nadie comparado con Aquel que permite que tal padecimiento suceda en ti para moldearte. Pedro mismo lo afirma al decir que “mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”
Pero, ¿por qué lo quiere Dios?
¿Por qué la voluntad de Dios le abre la puerta al sufrimiento injusto en nuestras vidas?
Eso creo que será tema de otro post un día de estos.

 

Nos vemos mañana.

 

 

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