1 Crónicas 22:14 (¡fascinante!)


Preparando mi corazón para este domingo por la mañana y tratando de entender el sabor histórico completo alrededor del pasaje que expondré (en 1 Crónicas 29) me topé con uno de esos versículos que he leído cientos de veces y en los que nunca había reparado: 1 Crónicas 22:14. Léelo conmigo:

He aquí, yo con grandes esfuerzos he preparado para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millón de talentos de plata, y bronce y hierro sin medida, porque es mucho. Asimismo he preparado madera y piedra, a lo cual tú añadirás.

El texto nos muestra al rey David hablando… la ocasión es el momento en el que él está dándole la orden a Salomón para que construya el templo después de su muerte… es una especie de “testamento” de responsabilidad en grande. Casi al final de la conversación le entrega las cuentas de los recursos con los que dispondrá y entonces casi de manera casual le dice los contenido en el versículo que llamó mi atención. Pensemos en un momento lo que este texto dice:

  1. He aquí, con grandes esfuerzos… David no dio lo que le sobraba. Su costumbre era desde mucho antes el no ofrecer nada a Dios que no tuviera un costo personal para sí mismo. La palabra esfuerzo es un término hebreo que puede significar “angustias”, “aflicciones”, “problemas”… es como si David dijera: “me las he visto a cuadritos para recoger este dinerito para Dios… pero lo logré”.
  2. …he preparado… obviamente su ofrenda fue intencional. La idea que da es que había edificado o amasado de manera paulatina el dinero que iba a ofrecer.
  3. …para la casa de Jehová… casa en la cual nunca estaría (y él lo sabía muy bien), que no vería terminada, que no llevaría su nombre y que no sería asociada con él. Pero a David eso le importaba poco, no hubo ni un gramo de utilitarismo en su ofrenda… no sacaría nada en absoluto para sí mismo… pero si era para su Dios bien valía la pena. Digamos que los cantos bonitos que compuso en Salmos eran más que simples poesías huecas… él literalmente ponía su dinero donde estaba su boca.
  4. …cien mil talentos de oro… ¡un momento!… un talento equivalía -dependiendo de la época- a unos 30-40 kilos (unas 75 a 100 libras), en agua era el volumen que ocupaba un pie cúbico, en peso era lo que un hombre medio podía cargar sin ayuda… o sea que David preparó aproximadamente 3 millones de kilos de oro. ¡Epa! Cada kilo serían (a un valor barato en el mercado de hoy) alrededor de 1.5 Millones de dólares… por 3 millones… ehhh… más o menos… uhhh… si mi calculadora no está mala… unos 4.5 trillones de dólares. ¡No en balde lo hizo “con grandes esfuerzos”! Tengo la impresión que David tenía un corazón para Dios… ¿no crees?
  5. …y un millón de talentos de plata… ahora, si cien mil talentos eran 3 millones de kilos… un millón de talentos serían… ¡30 millones de kilos de plata! Sin embargo, la plata es más barata que el oro ¿verdad?… 1 kilo de plata “sólo vale” unos $4,000 US… que multiplicado por los 30 millones nos da… 120 mil millones de dólares. Una “nada” comparados con los primeros 4.5 trillones…
  6. …y bronce y hierro sin medida, porque es mucho. Cualquier ingeniero puede decirte que no se construye un edificio de oro o de plata -por cuestiones de maleabilidad y resistencia de materiales-; otros materiales son necesarios… bronce y hierro son más duraderos, más resistentes y más baratos. David preparó estos materiales “sin medida”… la cantidad no era ilimitada -no existen infinitos en el universo concreto ¿lo sabías?- pero era incontable. Literalmente, dice David, “es mucho”…
  7. …Asimismo he preparado madera y piedra, a lo cual tú añadirás… madera y piedra son la base de todo. No se menciona la cantidad de estos materiales, solamente la necesidad de más. Casi puedo escuchar al anciano rey diciéndole a su hijo… “no te va a alcanzar la madera y la piedra… lo siento, vas a tener que comprar más… pero recuerda que no debe haber miseria ni tacañería… la casa tiene que ser grande porque Dios es grande

Unos diez siglos más tarde, el Rey Jesús dijo que “donde esté tu tesoro también estará tu corazón” David lo practicó de manera concreta al construir el templo. Piénsalo. Ni tú ni yo somos el rey David, ni tenemos su dinero, quizás no comprendamos siquiera las cantidades que manejaba… ni tú ni yo tenemos la responsabilidad de construir un templo físico que albergue a Dios; pero sí tenemos el mismo Dios que David tuvo… y tenemos responsabilidades ante él.
La pregunta es ¿tenemos el mismo corazón que tenía David?

Tal como te dije al principio, he aquí un versículo en el que nunca había reparado… y contiene tanto para enseñarnos; y para esto que no entramos en la tipología que el pasaje encierra…¡fascinante! Pero dejaré esa parte para algún otro día… esta noche me he pasado demasiado en este espacio. Es que… ¿cómo contar la historia grande de un corazón grande haciendo la obra grande para un Dios grande… y hacerlo en pequeño?
Simplemente, no se puede.

Nos vemos mañana.

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