Esa cosa preciosa llamada “oración”…


Alguna vez te has preguntado ¿Cómo es que funciona esto de la oración? Es decir, cierras los ojos acá -sea donde sea en que te encuentres- y hablas en voz baja sin que haya nadie presente …a veces no sabes cómo pedir correctamente, o lo que pides ni siquiera está acertado …no es raro que al orar tus emociones te traicionen y termines pidiendo lo que tu cabeza no se atrevería ni a pensar …hay ocasiones en las que oras no solamente sin méritos para una respuesta sino sabiendo que hay suficientes deméritos comprobados y flagrantes como para cerciorarte de no merecer la respuesta de Dios… a veces pides cosas diferentes -incluso opuestas- a lo que alguien más ora sobre un mismo evento… a veces oras sin fe, pero de todas maneras “oras”… a veces ya no hay fuerzas para orar con toda la estructura religiosa aprendida de tu iglesia y te atreves a simplemente monologar desde el fondo del alma… y mientras todos estos eventos que entendemos como “orar” suceden acá en la tierra, en el Tercer Cielo -como a trillones de años luz de distancia- Dios Todopoderoso, el Creador de lo creado y Rey de gloria pone atención a lo que musitaste en voz baja y toma la decisión de dar los pasos para cumplir lo que pediste… aunque a menudo lo haga dejando de lado las instrucciones que tan meticulosamente le diste por si acaso no sabía como manejar tu situación.
Increíble.
Pero funciona.

Orar funciona. Punto. No importa si tienes toda la teología correcta o si puedes clasificar, seccionar, ordenar, y empaquetar tus oraciones de la manera apropiada… no depende de eso para que funcione. Orar no es solamente el último recurso que tenemos los cristianos …tú sabes, me molesta el escuchar el plañidero “ahora sólo nos queda orar” que esgrimimos cuando hemos agotado nuestros humanos esfuerzos …orar es el primer y único recurso que tenemos los cristianos. En los momentos de tribulación, seas teólogo o no, Dios te oye y te presta atención. Piensa en lo que esa frase quiere decir: D-i-o-s-t-e-o-y-e-y-t-e-p-r-e-s-t-a-a-t-e-n-c-i-ó-n. A veces la respuesta no es la que esperamos. A veces ni siquiera es la que deseáramos que fuera. A veces no llega en el momento de urgencia que nos hace doblar las rodillas con desesperación.
Sin embargo, orar funciona. Ahhh… y, por cierto, funciona siempre.

Estos días, al estar orando por muchos con tribulaciones en nuestra iglesia -Camilita Guadrón ha sido la que por la cercanía a nuestro corazón ha encabezado la lista, pero ciertamente no es la única- recordé uno de los pasajes preferidos de Rodolfo Avendaño. En realidad fue Rodolfo mismo quien me lo recordó en un correo… sucedió en el momento en el que Josué oró para que Dios le ayudara a derrotar a sus enemigos y Dios le contestó deteniendo el sol y la luna… hmmm… ¿detener el sol y la luna? …pues sí, eso dice. Lo maravilloso de este pasaje no radica en que Dios haya detenido el sistema solar… lo increíble es que según Josué 10:14 lo hizo por causa de la oración de un hombre. Léelo a continuación:

Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.

Esta noche te animo hermano… tú y yo tenemos esa cosa maravillosa llamada “oración”. Puede ser que no entendamos enteramente cómo funciona, pero -por lo que más quieras- no la desperdiciemos.

Nos vemos mañana.

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