¿Yo… Someterme?…


Estoy más que seguro que en alguna ocasión has escuchado a creyentes decir “yo no me someto a mandamientos de hombres”… o “no me gustan esas reglas porque son humanas”… o “yo, no sigo a hombres, solamente sigo a Dios”. Yo las he oído de todo tipo de seguidores de Jesús… ciertamente las he escuchado de algunos que yo consideraría ser muy buenos cristianos; pero también de no tan buenos… y de algunos que son… hmmm… para no polemizar, dejémoslo solo en “no tan buenos cristianos”. Entiendo que -a veces- son expresiones hechas con el candor de quien está interesado en dar a entender que desea que su obediencia sea completa solamente para Dios… que otras veces están motivadas por lo absurdo de la orden dada por algún hombre (¡oh, podemos ser tan absurdos!)… pero tú y yo sabemos que no es difícil que una actitud así hacia la autoridad humana provenga de un corazón plagado de simple y llana carnalidad. Punto.

En nuestra amada América Latina la desobediencia a la autoridad es vista como un rasgo de inclinación a la justicia. Aquí se piensa que tenemos derecho a ser rebeldes. Tal pareciera que algunos nunca dejan de tener la mentalidad adolescente de dudar sistemáticamente de la autoridad, y de oponerse sutil o abiertamente ante lo que consideran una acción “sospechosa”… acción que les autoriza la sublevación del alma -cuando menos- y a veces la solapada o no tan solapada actitud de obstinada indocilidad. “Yo no me dejo” puede no ser el grito de sus gargantas, pero con evidente seguridad sí es el de sus actitudes. ¿Estoy hablando de política?… no. ¿De religión?… tampoco. ¿De conflictos sociales?… menos aún. Hablo del corazón humano. La política, la religión, la sociedad, la familia, el trabajo, la escuela o la iglesia apenas son los cuadriláteros escogidos por algunos corazones para exhibir sus peleas. Pero el conflicto está dentro del corazón. Y el corazón es lo que a Dios le interesa. Él sabe que el cambio de las sociedades (las familias, las escuelas, las iglesias, etc.) solo sucederá cuando cada corazón esté bajo el control de Su Espíritu.
Y allí es donde fallamos.

Pedro fue muy claro al respecto. Este fin de semana iniciaremos la aventura de estudiar la sección de su carta en la que se regula el comportamiento de los verdaderos creyentes… las actitudes que una persona de fe -cuya esperanza está en Dios- debe desplegar. No me sorprende que esta etapa de su razonamiento en la carta se inicie diciendo:  “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.” (1Pedro 2:13-16)

Piénsalo. La causa de nuestro comportamiento no debe ser la justicia, la paz, o la igualdad… ni tampoco son nuestros derechos o la defensa de nuestras libertades. Aunque disfruto y aprecio tener estas cosas -y ciertamente no quiero perderlas- el pasaje dice que lo que nos motiva a los cristianos es Jesús. Toma nota de que establece claramente que es “por causa del Señor…” y luego explica que “por causa del Señor” debemos practicar esa mala palabra tan aborrecida por el corazón rebelde… “someterse”. Como veremos el domingo, el raudal de justificaciones que corren a nuestra mente para avalar nuestra rebeldía no son verdaderas justificaciones… si piensas que los que están en autoridad sobre ti no son justos recuerda que el emperador en el tiempo de Pedro fue ni más ni menos que el archifamoso Nerón. Si dices que “es comprensible” tu agresión hacia la autoridad a causa de su maldad date cuenta que el pasaje dice que la forma de callarlos es “haciendo bien”. Y si crees que por ser un hombre o una mujer libre la injusticia de la autoridad te abre las puertas a la rebelión será bueno que consideres que la instrucción de Dios es que debemos actuar “como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo”.

Esto de ser un creyente verdadero suena bastante bien, hasta que llegamos a las actitudes y valores prácticos que lo definen. La sumisión a la autoridad humana es una de tales actitudes. Si vienes a VidaNueva y tienes problemas en esta área, te aconsejo a que prepares tu corazón para este domingo… aunque pensándolo bien… ¿quién de nosotros no tiene problemas en esa área?
Quizás por eso Pedro lo dejo tan claro, ¿no crees?
Ya veremos.

Nos vemos mañana.

2 pensamientos en “¿Yo… Someterme?…

  1. Pablo lo apoya en Romanos 13:1, donde nos exhorta a someternos a las autoridades: -“porque no hay autoridad sino de parte de Dios”-. Mas adelante, argumenta con toda razón que “el que nada debe nada teme”, al afirmar:
    “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien sino al malo. Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno , y tendrás alabanza de ella. (Ro. 13:3)

    Difícil… sobre todo si estams rodeados de “Nerones”. Pero esto es Palabra de Dios.
    Bendiciones

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