Sobre la religiosidad y el legalismo…


¿Sabes?, aunque aún estoy lejos de terminar de exponer 1Pedro en nuestra Iglesia, mi mente y mi corazón han andado alerta acerca de escuchar a Dios para la próxima serie que predicare(mos) en VidaNueva los domingos por la mañana. Yo sé… no sucederá sino hasta fines de 2012 o principios de 2013, y solamente comenzaremos después de un par de series cortas… “entremeses” de corte más ligero que un libro completo. Sin embargo, creo que Dios me ha estado hablando… o al menos me ha hecho leer un par de libros de la Biblia de manera atenta… quizás para refinar mi andar con él… quizás para preparar mi corazón para enseñar a la Iglesia en el futuro.
Ya veremos.

Como aún no lo he decidido -o no he sido lo suficientemente agudo para discernir lo que el rey quiere- todavía no puedo asegurarte cuál será el siguiente libro… de hecho, te confieso que aunque estos últimos meses tenía el sentir de que debíamos internarnos en un libro del Antiguo Testamento; pero desde hace unos días el pequeño libro de Gálatas anda dándole vueltas a mi mente y a mi corazón.

Es curioso, pero en todos estos años nunca he predicado por completo esta breve carta que moldeó mucho de mi sentir en la vida (me considero un apasionado y beligerante combatiente anti-legalista)… aunque sí recuerdo haberla enseñado a nivel de Seminario en dos o tres ocasiones. En Gálatas, la gracia y las obras son contrastadas de manera elocuente… y el humano deseo de producir la espiritualidad por obras está flagrantemente condenado. El mensaje central de Pablo en esta pequeña carta parecería resumirse en el axioma “salvación por gracia, espiritualidad por gracia”… un concepto que tiene incontables aplicaciones para el  mundo cristiano de hoy… y que debe ser considerado especialmente por aquellos que creen que tienen el monopolio de la vida cristiana por medio de guardar algunos puntos de honor que consideran son “la clave” para la espiritualidad cristiana.
Gente así es terrible.

El legalismo es el sistema religioso que pretende elevar como sagrado un comportamiento o acciones a las que la Biblia no les confiere tal status. Su aplicación va desde asumir  posiciones ridículas y obsoletas -casi siempre asociadas con prohibir formas externas, vestimentas, comidas, bebidas, o restringir la asistencia o participación en lugares condenados como impropios, etc.- hasta las trampas sutiles, pero no por eso menos bajas, viles, abyectas y rastreras, de la promoción de actividades “muy espirituales” que parecieran otorgarnos un valor agregado haciéndonos más espirituales que al resto. Tú sabes, las frases típicas de “Yo leo la Biblia más que tú”… “el que no hace un devocional todos los días no es espiritual”… “si no sales a evangelizar con el ministerio no eres maduro”… “tienes que -literalmente- doblar rodillas para que Dios te oiga”… “yo ayuno todas las semanas dos veces”… “todos los cristianos necesitan este programa (el que sea) para crecer”… “si no vas a cada actividad de la iglesia está claro que andas mal”… “solo se debe escuchar música cristiana”… hmmm… la lista es larga, larga, larga -lamentablemente- muy larga. Detrás de cada una de esas frases -a menudo- se esconde el monstruo del orgullo y la soberbia. Si bien, cada uno de ellas es buenas (¡son excelentes! diría yo) ninguna es el camino a la espiritualidad.
Ninguna es “la” clave para la vida cristiana.

Para sorpresa de muchos debo decir que algunas de las cosas en la lista anterior no son parte de mi andar regular con Dios…sí leo la Biblia -y mucho- pero nunca “he hecho un devocional” de tipo enlatado en mi vida -no tengo un sistema estándar tampoco-, hay períodos de mi vida en los que el ayuno sí es parte integral de mi vida, pero no ayuno todas las semanas, no creo en programas -ninguno, ninguno, ninguno- para que los creyentes crezcan (porque los creyentes que crecen lo hacen por la influencia de personas maduras, no por causa de algún programa milagroso)… oro -bastante- pero no tengo tampoco una posición favorita ni una estándar para orar… y aunque no tengo tiempo para escuchar toda la música que quisiera, a la hora de ponerme unos audífonos no soy prisionero del enorme universo de “música cristiana” que ahora existe.
¿Soy por eso más espiritual que otros que viven por estas prácticas? No.
¿Soy peor cristiano que ellos por no hacerlo? Tampoco.
¿Me condenarían algunos como no espiritual?… ¡Sin lugar a dudas!
¿Estarían en lo correcto?… ¡Para nada!

Esta noche te animo a alejarte del legalismo religioso que se disfraza de piedad. Témele… es muy destructivo. Ni lo consientas, ni lo consideres, ni lo cultives… protege tu cabeza y tu corazón de lo que se ha vuelto una de las armas del diablo más poderosas debajo del sol. Créeme, el Espíritu Santo fue bastante claro sobre renunciar a estas actitudes en el libro de Gálatas… ¿quien sabe?… quizás Dios confirme que esto es lo que debemos estudiar después de Pedro.
Como te dije… ya veremos.

 

Nos vemos mañana.

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