Tus sueños… ¿trampa o trampolín?


Hoy fue uno de esos días en los que la planificación a mediano y largo plazo, la visión que Dios nos ha dado, los problemas y obstáculos, las necesidades, los recursos, la fe, los sueños, las cuentas financieras, la filosofía de ministerio, la Biblia y un par de docenas de elementos más -todos enormemente desafiantes- se combinaron para extraer cada onza de cerebro y corazón que tengo en el cuerpo. Te confieso que para eso de las 6 de la tarde -después de unas 10 horas de intenso trabajo mental y espiritual junto con Steve- mi mente estaba más que lista para gritar un sonoro “¡basta!” y correr a dormir una reparadora siesta de unos… hmmm… 10 días de duración.
¿Hubo siesta?… ¡ni en sueños!
¿Hubo sueños? …¡todo el día!

Una de las cosas que he aprendido en estos 25 años de ministerio es que soñar no es tan fácil como se cree. Soñar cuesta. Me refiero a soñar los sueños de Dios, siempre estructurados hacia lograr sus planes produciendo el fruto que a Él le traiga gloria. Sin embargo, conozco a muchos buenos soñadores… he tenido el privilegio de conocer a personas de visión -en muchos campos del ministerio- que son capaces de soñar de manera ordenada con objetivos concretos para engrandecer el Reino. Planificar los pasos para que los sueños se hagan realidad es un trabajo que pocos hacen… quizás porque no surge naturalmente… quizás porque al obligarse uno a hacerlo tiene que darse cuenta que la cruda realidad es más complicada que la imaginada en nuestro sueños… quizás porque dejar de soñar y planificar los detalles -sí, los molestos y numerosos pequeños grandes detalles plagados de cifras, fecha, nombres, responsables, sistemas, recursos, materiales y que implican el choque de personalidades, carencias y necesidades- es menos romántico que soñar los grandes y nebulosos sueños. Pero sin planificación, toda visión se queda en la esfera de las bonitas ideas… tú sabes… las cosas que nos encantaría que pasaran pero que jamás sucederán porque nadie se tomó el tiempo de planearlas y echarlas a andar.

En el caso de VidaNueva, estas sesiones de planificación con el el Equipo Pastoral (las llamamos “hasta el tope”) y los respectivos procesos que de estas han salido, han marcado la diferencia entre las cosas que nos gustaría haber logrado y lo que Dios en verdad ha hecho entre nosotros. Soñar nada cuesta… pero llevar estos sueños a la práctica removiendo los obstáculos humanos que naturalmente ponemos a Dios es lo que nos ha permitido ver cualquier avance que hasta ahora hemos tenido como Iglesia… ¡y todavía nos falta tanto!

En tu vida personal, en tus estudios o trabajo… en tu ministerio… ¿tienes sueños? ¿Qué estás haciendo para que se cumplan? ¿Tienes planes? ¿Tienes fechas? ¿Tienes alguien a quien consultar-reportar esos planes? ¿Tienes una manera de medir tu avance? ¿Tienes la intención de que tus sueños se cumplan… o solo estás soñando? ¿Son tus sueños y aspiraciones una trampa o un trampolín?
De ti depende.

Esta noche te animo a seguir soñando… pero te advierto que soñar sin llevar esos sueños a la práctica es insensato. ¿Cuándo vas a comenzar?
Bien dice la sabiduría popular… “Del dicho al hecho, hay un gran trecho”
A inicios de ese trecho está un día como el de hoy.
Me gusta.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Tus sueños… ¿trampa o trampolín?

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