El problema de los cristianos profesantes…


En VidaNueva cada domingo estamos estudiando la serie llamada “Optimismo Realista” en 1Pedro. Por supuesto, una parte de este optimismo viene de la confianza que tenemos en la relación real con Dios… él nos ha hecho parte de su familia, nos compró y nos llevó a su casa.. nos hace crecer en ella… nos da vida espiritual. Pero… para que el optimismo funcione debe existir realmente esa relación ¿cierto? ¿Qué pasa cuando lo que tienes es una relación falsificada con Dios? O, puesto de otra manera: ¿Cómo puedes estar seguro de que tienes vida espiritual genuina? La Biblia misma nos advierte que debemos examinarnos a nosotros mismos si estamos en la fe en 2Corintios 13:5… sería un desastre entrar a la eternidad y darte cuenta que el cristianismo era verdadero… pero que tú no eras un verdadero cristiano.
Hay un término que define a personas así: cristianos profesantes. Profesan ser creyentes pero no lo son. Triste ¿no crees?
Pero más común de lo que te imaginas.
El pasaje que estudiaremos mañana (1Pedro 2:4-8) nos ofrece tres señales inequívocas de que te has convertido a Jesús genuinamente y que tienes vida espiritual… baste esta noche con decir que tienen que ver con la valoración que hacemos de las cosas espirituales… Jesús es lo máximo, el ministerio es la meta, la fe es la manera de vivir. Este es uno de esos trozos que -honestamente- no son fáciles de predicar en un espíritu de gracia, razón por la cual esta noche mi corazón está “un poco en vilo”… pendiente de lo que Dios hará entre nosotros mañana en los 5 servicios de la mañana. Lo último que quiero hacer jamás es decir una palabra desde el púlpito que no fluya de la actitud de gracia que el Rey tan claramente nos mostró.
La realidad de los creyentes es un problema que plaga nuestras iglesias. Los hay en VidaNueva, los hay en tu iglesia… me temo que incluso los hay en los púlpitos de algunas congregaciones. No son “piedras vivas”… ni son atraídos genuinamente por la Piedra viva. No viven para el ministerio… tropiezan en la Palabra por tratar de hacer las cosas en su propia justicia… y sirven de tropiezo a propios y extraños por sus actitudes tan divorciadas del espíritu del Rey. Algunos son extremadamente legalistas… otros son exageradamente “mundanos”; como sea, profesan ser creyentes… pero no lo son.
¿Tengo yo el derecho a juzgar quienes son verdaderos creyentes o quienes no lo son? No. Afortunadamente Dios no nos dio esa tarea. Tú tampoco tienes el derecho, guárdate de -jamás- caer en el error de decir “creo que el hermano sutanito ni es salvo” o cosas similares. Pero en mi caso sí tengo el deber de exponer los pasajes que advierten sobre la presencia -o más bien sobre la ausencia- de la vida espiritual… y luego dejar que el Espíritu de Dios susurre a cada oído lo que necesita escuchar… o que lo grite en su corazón para que le quede todavía más claro.
Eso es lo que nos toca hacer mañana.
Ya te contaré.
Nos vemos mañana.

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