“No es una religión, es una relación”… y eso ¿qué quiere decir?


Casi puedo apostarte a que si eres un cristiano evangélico actual, has oído-usado-abusado de esa frase en más de alguna ocasión ¿o no es cierto? Yo mismo -hace cerca de un año y medio- escribí un post sobre la frase ¿religión o relación? en el que te comenté lo aprendido de una enseñanza del Chief sobre Salmos 63 y la necesidad de mantener la intimidad con Dios de forma correcta. Esta noche quiero abordar el mismo tema pero desde un ángulo distinto.
Acá voy.

Este casi-cliché cristiano siempre se usa como argumento para decir a alguien que seguir a Jesús no se trata de un sistema religioso… pues, ¡estoy de acuerdo, así debe ser! Pero al decirlo repetidas veces por generaciones de cristianos, me temo que hemos abandonado la idea central de que la vida cristiana es una relación… y que una relación es… eso, ¡una relación! La RAE lo define como una “conexión, correspondencia de algo con otra cosa; o como el trato, comunicación de alguien con otra persona” La relación es el trato de carácter amoroso que expresamos a los que son parte de nuestra familia o círculo de amigos. Piénsalo. No hay trato, no hay relación. No hay conexión, no hay relación. No hay comunicación, no hay relación.
Creo que me entiendes el punto: la relación es un trato continuo en el tiempo y espacio.
Ni más, ni menos.

La relación principal que ahora tenemos con Dios es la de Padre e hijo. La Biblia enfatiza nuestra condición como algo adquirido que no se pierde… como sucede en el caso de un padre y su hijo. Basta con darnos cuenta que esto de “ser hijos de Dios” es más que un título religioso que se nos confiere cuando llegamos a Cristo. Ser Su hijo implica que tenemos el privilegio de tener una relación con Dios en la que le podemos tratar como Padre y recibir de él todo lo bueno que un hijo puede esperar de un buen papá. Sin embargo, al igual que cualquier relación hijo-padre que conozcamos, esta puede o cultivarse y volverse en algo valioso y enriquecedor para el hijo o volverse en un vínculo sin afecto sostenido sólo por los lazos sanguíneos existentes por ser parte de la misma familia. Por eso, el mejor modelo que podemos tener de lo que  significa ser hijos de Dios fue el de Jesús, ya que él es el Hijo de Dios; cada creyente debe observar e imitar la manera en la que Jesús se relacionó con su Padre mientras estaba en la tierra. Nos llamamos seguidores de Jesús porque seguimos el ejemplo que él nos dejó en cada área de la vida; nada más importante que su relación personal con el Padre.
¿O puedes pensar en una relación más importante que esta para Jesús?
Lo dudo.

Hmmm… esta noche me voy a dormir pensando que no es difícil entender que si Jesús que era Dios procuraba una relación tan íntima con su Padre… ¿Cuánto más debemos hacerlo nosotros que somos sus seguidores?
Mucho, ¿no crees?
Las pregunta son válidas: ¿Tienes un trato continuo con tu Padre? ¿Lo tratas como a tu papito? ¿Te sientes su hijo? (uso el término sentir muy a propósito).
Claro, que si lo que tienes con Jesús es una relación y no una religión, darás respuesta sin titubear a cada una de las preguntas anteriores.
Si no tienes el trato personal con Jesús -a nivel espiritual, por supuesto- debes recibir a Jesús en tu corazón… porque lo que tienes es solamente una religión.
Y necesitas una relación con Él.
Allí te dejo la inquietud.

Nos vemos mañana.

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