Mega Fe…


Una mujer cananea… de todos aquellos con los que Jesús entro en contacto, ella era la persona menos probable para ser considerada como alguien que complacería el corazón del Rey. Piensa en sus obstáculos, limitaciones e inconvenientes: Miembro de la raza enemiga de Israel… su sola presencia era considerada inmunda por causa de su etnia entre los judíos… nacida en el tiempo de la historia en el que la mujer era considerada como menos que un objeto… madre de una hija endemoniada… sin esposo que la representara… se presentó a Jesús mientras él y sus discípulos se proponían descansar… por esto no es de extrañar que el mismo Rey inicialmente se rehusara en silencio a contestar el clamor de ella y que los discípulos “amorosos” (lee esta palabra con todo el sarcasmo que puedas entonar) le pidieran a su Rabí que la echara porque les molestaba su ruidosa e incómoda comparecencia.
Pero tenía una Mega Fe.
Y la fe es lo que agrada a Dios.

El razonamiento de Jesús suena casi ofensivo a nuestros frágiles oídos occidentales: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”… una manera directa de decir “no puedo atenderte”… y luego, “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos”. ¡Gulp! suena terrible… “tú no eres una de mis hijas… tu hija y tú son como perritas comparadas con los hijos… no es razonable desperdiciar mi poder o desenfocarme de mi misión”.
Palabras muy duras. ¿No crees?
Especialmente viniendo de Jesús.

Sin embargo, esta sirofenicia cananea madre de una endemoniada no se quedó satisfecha. Le argumentó al Rey en su propio terreno (siempre con mucho respeto) y le dijo “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. No le dijo… “No nos llames perritas”… no le dijo “No es justo”… no razonó “Yo también tengo derecho”… simplemente dijo: hasta los perros nos beneficiamos de la presencia de los amos. Socórreme. No importa si eres el Rey, y que estás en una misión muy superior a mí… no importa que yo sea insignificante… creo que puedes ayudarme y te pido que lo hagas.
Si eso no es fe… no sé qué lo será.

Ella creyó que Dios la atendería. Osado, ¿no?. Piensa en el gran panorama de las cosas: Los billones de personas a través de los miles de años con el problema trascendental del pecado que condena la eternidad interminable de sus almas. Piensa en la grandeza de la magnificencia de Dios comparada con la pequeñez de nuestra condición humana. Darse cuenta de que el plan de Dios para las edades existe, siempre ha existido y siempre existirá es una bofetada para la dimensión con la que vemos nuestros humanos problemas. Jesús sí fue enviado por el Padre a las ovejas perdidas de la Casa de Israel porque tenía el plan de redimir a la humanidad. Los judíos han sido el centro del plan de Dios y eso es innegable por mucho que le duela a una mujer sirofenicia o a un latinoamericano en la actualidad.
Pero, en el plan global de Dios, siempre hay un lugar para las necesidades de cada individuo.

No en vano, Jesús dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres” El término griego para “grande” es MEGAS… ella tenía una Mega Fe.
Y no hay nada como eso para agradar a Dios.

Nunca dejes que las circunstancias y las limitaciones te hagan creer que el Dios del universo no atenderá tu clamor. Para él, siempre hay lugar para tus necesidades.
Si tienes un mega problema… lleva una mega fe ante Aquel que puede -y quiere- obrar en tu vida.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Mega Fe…

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