¿Es la Biblia un gusto adquirido?


Mañana estamos regresando al estudio de 1Pedro, y daremos -si Dios así lo permite- una zambullida profunda en apenas tres pequeños versículos, los primeros del capítulo dos. No es mi intención esta noche contarte los detalles de lo que predicaré… baste decir que estudiaremos una orden extraña que Dios nos hace (el imperativo de ese trozo es “desear”… pero ¿cómo sigues la orden de desear si no deseas lo que se te ordena que desees?) y concluiremos que mucho de esto tiene que ver con un gusto adquirido por el favor de Dios en nuestras vidas.
Así es. Si no hemos saboreado a Dios no querremos desear su Palabra.
Si nos hemos deleitado en su Gracia, obedecer la orden de desear es un placer.
¿Confuso?… naaahhh! Ya verás que es más bien, bastante claro.

Este es uno de esos pasajes “culinarios” de las Escrituras, en los que la relación con Dios es descrita en términos de sabores, nutrientes, condimentos, grupos alimenticios y elementos similares. Me es obvio a mí -al leer la Biblia- que o a Dios le gusta la comida (una de las mejores de sus creaciones) o sabe que los factores universales de la misma la hacen un poderoso medio para comunicar verdades por medio de metáforas. Yo creo que ambas premisas son ciertas… en parte porque me encanta comer, en parte porque he visto como la comida “conecta” emocionalmente con todos a la hora de predicar la Biblia.

1Pedro 2:1-3 declara que alguien desechara lo malo y deseará la leche pura de la Palabra si y solo si ese alguien ha gustado la benignidad de Dios. Dime… ¿Has tú gustado de la gracia, favor o benignidad de Dios? Si es así, dime… ¿que sabor de boca te dejó? ¿volverías por más?… ¿lo harías a cualquier costo?… ¿la recomendarías a tus amigos? ¿te meterías más en la Palabra sabiendo que allí encontrarás más de Dios y podrás repetir/expandir cualquier buena experiencia previa con él?

Si lo anterior es cierto… sé que deseas la Palabra. Nadie tiene que imponértela. No te parece aburrida. No te contentas con poco. Quieres repetirte una segunda porción cada día. Y habiendo acabado… quisieras un poquito más. Pensar que no tendrás tu dosis alimenticia de relación con Dios te hace sentirte tan mal como un bebe a quien le insinúan que no habrá leche por dos semanas. No es concebible. No es tolerable. No es aceptable. Simplemente no sucede… y por eso estás creciendo espiritualmente.

Si la condición propuesta por Pedro (haber saboreado a Dios) no te es real… uhhh… la Biblia será como una de esas comidas exóticas que ves en Nat Geo o uno de esos programas de viajes a lugares remotos… tú sabes… las comidas te parecen raras, no te apetecen, no las probarías y si las probaras jamás las incorporarías a tu dieta regular.
La clave del estudio de la Biblia no es el método… es la intensidad de tu deseo por ella.
La clave del deseo por ella es haber saboreado a Dios.
Si te falta uno de estos elementos… te aseguro que te falta el otro.
¿te faltan?
Allí te dejo la inquietud…

 

 

Nos vemos mañana.

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