Seguir a Jesús también es una experiencia en grupo…


Yo sé, yo sé, yo sé… toda la vida has escuchado que debes recibir a Jesús como tu salvador personal, que debes tener una relación personal con él cada día y que debes dejar que él gobierne en tu corazón y en tu mente como tu Señor y Salvador. También sé que has escuchado en más de una ocasión que lo que otros hagan es cuestión de ellos y que no debes fijarte en la paja en el ojo de alguien más sin mirar la viga dentro del tuyo. Me imagino que perteneces al grupo de seguidores de Jesús que han crecido pensando que la iglesia es importante pero no es tan importante… al punto que puedes “adorar” a Dios en la capilla de tu corazón y encontrarte con él a solas sin la necesidad de asistir a un templo para lograr conectar con él. Es más, no me extrañaría que no sientas demasiado apego por la iglesia a la que asistes -especialmente si es de mediano tamaño-  y que cuando se presenta algo el día domingo que solicite tu atención (ni siquiera uso el término “demande tu presencia”… con una simple solicitud basta) no tienes reparo en posponer congregarte para el siguiente domingo. ¿Cultos entre semana?… naaahh… hace tiempo que dejaron de ser esenciales en tu vida. ¿Vida de comunidad?… hmmm… ni siquiera estás muy seguro qué es eso, o si tu iglesia la practica entre lunes y sábado.
Si este es tu caso, eres un cristiano del siglo XXI… todo un cristiano moderno.
Pero no un creyente bíblico.

 Aunque es evidente que la relación con el Rey es algo que nace en la intimidad de nuestro ser, es verdad que desde el punto de vista de Dios, seguir a Jesús también es una experiencia en grupo. Los cristianos estamos diseñados para ser una familia. Punto. El pasaje que estudiaremos mañana por la mañana en VidaNueva contiene -entre otras verdades- el argumento de que el amor “los unos por los otros” es de suprema importancia, porque la relación con otros creyentes es la única que continuará por la eternidad. Piénsalo. Si tu hermano consanguíneo, tus amigos de toda la vida, o tus compañeros de trabajo no conocen a Jesús… no estarás con ellos durante la eternidad. Pero con aquellos que genuinamente han puesto su fe en el Rey, han nacido de la Palabra de verdad y van a la Iglesia contigo -y a otras iglesias aunque ni se parezcan a la tuya-… con ellos pasarás la eternidad.
Y eso es… uhhh… un montón de tiempo.

Esta noche te animo a que te des cuenta que el cristianismo también es una experiencia en grupo. No seas sólo un visitante permanente de tu iglesia. Conoce a aquellos con quienes pasarás los siguientes chorrocientos millones de años. Ámalos. Sopórtalos. Ayúdalos. Y déjate amar, soportar y ayudar por ellos. Prefiérelos. Lee esta última palabra de nuevo… p-r-e-f-i-é-r-e-l-o-s sobre todas las otras relaciones… ninguna es tan permanente como la de aquellos que son tus hermanos en Cristo. Hmmm… ¿No es la relación con otros cristianos el adelanto del cielo en el que pasaremos la eternidad? Entonces… no la menospreciemos.

Por lo que más quieras, no seas un cristiano del siglo XXI nada más. Créeme, a la luz de la eternidad, el siglo en el que nos encontramos y las malas costumbres que hemos desarrollado no tendrán mucho sentido. Desde el día 1 del cristianismo hasta el arrebatamiento y más allá, seguir a Jesús personalmente siempre ha sido y será una experiencia en grupo.

Nos vemos mañana.

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