Se acabaron las vacaciones… ¡que bueno!


Así es: se acabaron las vacaciones. Te guste o no, esta es una verdad ineludible para la gran mayoría de personas. Con algunas “afortunadas” excepciones, el resto de mortales regresaremos este lunes a bregar con la realidad en la que Dios nos ocupa de manera sistemática; algunos a sus negocios, otros a sus empleos, unos pocos más a la caza de trabajos profesionales de la rama en la que se desempeñan… muchos más a sus estudios  y habrá quienes regresarán mañana a sus quehaceres del hogar habituales.
Si es así, no te quejes… más bien dale las gracias a Dios por lo que él te ha puesto a hacer. Piénsalo. El trabajo viene de Dios.

No es malo que las vacaciones se acaben si crees que tener empleo es una bendición. Punto. Quizás no te guste tu trabajo actual, quizás quisieras uno diferente -con mejor paga, menos horas laborales, más prestaciones, jefes más amables y con un nivel de estrés muy inferior al que ahora tienes- pero ¿quien no quisiera tener “el empleo ideal”? Si Dios te abre puertas en un lugar como el que buscas, no dudes en entrar por ellas… pero mientras tanto no te quejes de tu empleo actual. Tómalo como una bendición del Rey en tu vida y como el lugar en el que él te ha puesto para dar luz y testimonio de quien él es. Si nadie más cree en Jesús donde trabajas o en el centro de estudios al que asistes… ¡estas palabras toman todavía más sentido y razón! Eso significa que el único contacto con la verdad de tus jefes, compañeros y subalternos eres precisamente tú. Regresar al trabajo es entonces no solamente “el calvario de volver a la misma rutina de todos los días” sino la puerta para ser usado por Dios de manera consistente para dar fruto para él. Lo mismo se aplica a la Universidad en la que estudias, la Escuela en la que asistes a clase o el Instituto en el que aprendes idiomas o un oficio. Mañana vuelves no “porque se acabaron las vacaciones”… vuelves para “lograr lo que Dios te ha encomendado que logres para él”.
Como ves, todo es un asunto de enfoque.

Se que hay razones económicas -en el sentido más macro y social del término- que te dicen que debes sentirte agradecido por tener un trabajo (o un negocio) al observar la tasa de desempleo reinante en tu país… pero además de estas obvias implicaciones sociales, no debes desestimar la mano de Dios metida en tu vida dándote ese empleo en el que hoy te encuentras para dar testimonio de él. Por cierto, ahora es casi imposible encontrar una fuente fidedigna de información sobre el verdadero porcentaje de desempleo o subempleo en nuestros países latinoamericanos. Todas o están plenamente “ideologizada y sesgadas” a favor del gobierno de turno que quiere hacernos ver que “acá todo anda bien” –cada país latinoamericano hace lo mismo– o son publicadas por la oposición sistemática que está empeñada en pintar un panorama aún más sombrío de lo que ya verdaderamente está.
Esta noche no me importa tanto que veas la realidad social del desempleo en tu país.
Quiero más bien animarte a ver la bendición espiritual que es tu empleo para tu hogar.

Quiero dejar contigo el desafío de pedirle a Dios que no te saque del lugar en el que ahora trabajas/estudias hasta que hayas cumplido tu labor para él en esa empresa u organización. Si eres tú el que quieres irte, comienza ya a terminar tu tarea… comienza hoy… empieza ahora mismo a ser vocal en cuanto a tu fe poniendo tu personalidad al servicio del Rey para cambiar el clima espiritual del empleo/centro de estudios en el que él -en su sabiduría- te tiene en estos momentos.

Como ves, hoy es un buen día para darle gracias a Dios que las vacaciones terminaron y que podemos volver a trabajar para él.
Aunque nos pague la empresa en la que laboramos.

Me parece muy pertinente cerrar con este pasaje de Colosenses 3:

Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;  sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

Por cierto, este pasaje enfatiza la calidad del trabajo que haces. Pero, creo que de eso te hablaré otro día. Esta noche se me acabo el espacio para escribir… y a ti, el tiempo para leer. Ve a trabajar.

Nos vemos mañana.

Un pensamiento en “Se acabaron las vacaciones… ¡que bueno!

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