Categórico…


Sigo pensando en las implicaciones de “hacer las cosas a la manera de Dios… disfrutándolo” y de como la piedad es el estilo de vida que los creyentes debemos escoger… pero como esta expresión (“escoger”) puede sonar como una alternativa muy suave, esta noche no quiero irme a acostar sin señalarte una verdad que junto con Chief enseñamos estas dos noches en los tres campus de VidaNueva: la piedad es una orden categórica, no una sugerencia.

La instrucción de Pablo para Timoteo fue clara al decirle “Esto manda y enseña”. En el contexto, “esto” es la realidad de que la piedad es una verdad que debe ser acogida por todos como el estilo de vida apropiado… este estilo de vida no puede ser sugerido, propuesto, aludido, aconsejado, recomendado o simplemente planteado. Es una orden. Punto. “Mandar” es el mismo término que la Biblia usa para una orden dada por un jefe a un subalterno… o la utilizada en el momento en que un hombre de Dios expulsaba un demonio de otra persona… créeme, no se trataba de una sugerencia sino de la ejecución clara y directa de la más categórica autoridad.

¿No piensas que esto es algo en lo que también hemos bajado la guardia? La piedad ha dejado de ser una orden y se ha vuelto un elemento negociable en muchas de nuestras iglesias y en casi todos nuestros hogares. Me preocupa que los líderes espirituales (papás, pastores, maestros) sintamos “poca autoridad” para indicar a aquellos bajo nuestra guía que hacer las cosas a la manera de Dios es una orden y no una sugerencia. La orden no es nuestra, es de la Biblia. Piénsalo. Nosotros sólo hemos recibido la orden categórica de dar una orden categórica.
Sí, sí , sí… entiendo que nadie puede imponer sus creencias sobre otros. No te pido que lo hagas, ni que te vuelvas un policía, ni que seas legalista (ugggghhhhh… la sola idea es repugnante)… sólo te pido que consideres que no tenemos el derecho de despojar a la piedad de su status de “orden categórica” para reducirlo a una simple “sugerencia importante”. Te desafío a que regreses a tu esfera de influencia -tu iglesia, tu ministerio, tu hogar- el peso real de la piedad.
Dios no la sugirió… la ordenó.
No nos olvidemos de esto.
Allí te dejo la inquietud…
Nos vemos mañana.

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