Cocinando…


No, no me refiero a la práctica de las artes culinarias. Definitivamente Dios no me dio a mí  los talentos y habilidades necesarios para internarme en semejantes menesteres… digamos que yo sería del tipo de cocinero a quien se le quema hasta el agua hervida y de quien no quisieras probar ni su cereal con leche.  O quizás sería un poco peor que eso. A Dios gracias, temprano en mi vida el Rey cruzó mis caminos en este planeta con Patty, quien resulta ser una de las mejores y más versátiles cocineras que conozco (soy un testimonio viviente de esta verdad)… tú sabes, “la ley de la compensación”: lo que algunos no tenemos a otros les sobra.
Yo no cocino comida.
Al menos, no cocino comida física.

Mi tarea es cocinar alimento espiritual… y, para serte honesto, es algo que me apasiona tanto como al más dedicado y comprometido Chef en el Gourme Chanel o en Food Network. Me gusta pensar que los predicadores alimentamos almas, y que nuestra tarea es prepararnos recogiendo de la manera más nutritiva, digerible y deliciosa los banquetes que el Espíritu servirá a la congregación, atendiendo a cada comensal de acuerdo a sus necesidades individuales.

Estas semanas tengo el privilegio de estar a cargo tanto de dirigir el “equipo de cocina” de VidaNueva que prepara los mensajes que se servirán el Jueves y Viernes como para las predicaciones de Domingo. Como sabes, al aumentar el número de campus y multiplicarse la cantidad de cultos, es imposible que un solo cocinero “prepare y sirva todas las mesas”… por eso, desde hace algunas semanas, cocinar se ha vuelto una tarea de equipo… involucra a varios pastores en cada ocasión… y permite que la experiencia de cocina se vuelva nueva… más fresca… más enriquecedora. Me permite a mí enseñar algunos de los “secretos de cocina” que he aprendido en estos casi 30 años de estar “en este oficio” y me da la oportunidad de aprender cosas nuevas… enfoques diferentes… y de renovar mi interés en los detalles del sabor que hacen la diferencia entre una enseñanza sosa y un banquete espiritual. Al final, el cocinero no importa… siempre y cuando el alimento sea el que está en el menú de Dios, que todo sea preparado sólo con los ingredientes que se encuentran en su Palabra, que se sigan las instrucciones contenidas en las recetas de la predicación expositiva y que el acto de la entrega al alma  sea efectuado -como te dije- por el mismísimo Espíritu Santo.
Cocinar así, me gusta.

Esta noche te dejo… la cocina me llama.
Ah… por cierto, si yo cocinara “comida de verdad” sería uno de esos cocineros que prueban y saborean sus creaciones mientras están preparándolas. Quizás por eso siento que yo mismo disfruto tanto esto de cocinar Biblia.
Es, simplemente, delicioso.

 

Nos vemos mañana.

3 pensamientos en “Cocinando…

  1. Supe de una actividad llamada cocina de grupo: Un grupo de personas se reunen para hacer un plato y comparten entre todos sus experiencias en la cocina y proporcionan (segun sus experiencias) diferentes sazones, especies, metodos, etc.
    Su blog me recordo a esa clase de ‘cocina’ – aunque nunca habia oido un paralelo con la conina fisica y espiritual… me parecio que se asemejan mucho… Ademas, como ud. bien dijo… en grupo es mejor! no?
    Saludos

  2. Gracias Julio por tan buena invitación a un banquete espiritual, sabemos que Dios lo usa como un excelente ” Cocinero Espiritual”….y estoy de acuerdo cada jueves o domingo, recibo una gran porción de alimento que me hace deleitarme pero asimismo…revisar la receta y ver los ingredientes que le faltan a mi vida!

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