Servirle es un privilegio…


Cada “de vez en cuando” Dios se encarga de recordarme el privilegio que es servir en su obra. No me refiero sólo a servir en “esta” obra llamada VidaNueva -e inmerecidamente haberme dejado ver las cosas buenas que hace entre nosotros- sino en su obra… punto. Quizás es porque estos días he visto a muchos involucrándose en diferentes áreas de ministerio -desde papeles temporales en una actividad evangelística- hasta el responsabilizarse de un área grande de ministerio de manera permanente. Debo decir que me ha impactado ver el buen ánimo con el que muchos asumen su tarea… y me ha animado mucho escuchar repetidamente expresiones de agradecimiento hacia Dios por dejarles ser parte de la expansión del Reino.
Es triste cuando no sucede así.

Esta noche quiero animarte a que nunca -nunca, nunca, nunca… ¡nunca!- te quejes por una tarea ministerial que haces para tu Rey. La clave es que no la hagas para tu iglesia, tu pastor o tu líder… hazla para tu Señor. No sólo es porque él se merece la mejor de las acciones hecha con la mejor de las calidades y la mejor de las actitudes… es que cuando consideras nuestra humana indignidad -sí, la mía y la tuya por igual- el pensamiento de que servirle es un verdadero privilegio TIENE que embargar nuestro corazón. No importa si tu tarea es visible, exitosa, “importante”, emocionante y la consideras como algo trascendente… o si el Rey te puso en un lugar impopular, con pocos resultados numéricos, en una tarea rutinaria que no consideras profundamente espiritual. El tamaño de la Iglesia no importa. La clase social con la que trabajas no importa. La visibilidad de la posición que desempeñas no importa. El quid del asunto -lo que sí importa- no es qué hacemos sino para quien lo hacemos y con cual de las actitudes lo hacemos… y el entender que grande o pequeña, nuestra función en el reino no es el resultado de nuestros talentos o habilidades… sino de la abrumadora gracia de Dios para con nosotros.

Esta noche te animo -donde quieras que estés- a que la próxima vez que hagas algo para tu Rey (aún si este algo es costoso y te exige sacrificar tu comodidad) hazlo con la sonrisa más grande posible que quepa en tu corazón y la reflejes de la manera más vocal y expresiva a tu rostro. Podría recordarte que los ángeles anhelan mirar en lo que hacemos o que los profetas escribieron de esta gracia que estaba destinada a nosotros… podría sugerirte que mantengas en mente la recompensa que nos está guardada en los cielos y que no debemos descuidarnos de manera que perdamos “el” galardón. No creo que sea necesario. Baste con decir que servirle es un privilegio.
Nunca lo olvides.

 

Nos vemos mañana.

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