¡Por fin! el final de Hebreos…


Por una de esas “casualidades de la vida”, esta noche tuve el privilegio de predicar en VidaNueva el final de la serie del libro de Hebreos… serie que fue predicada por Steve desde hace cerca de dos años; sin embargo, como él se encuentra en Bogotá, me tocó a mí “en suerte” exponer Hebreos 13:17-25 y dar por concluido el estudio.
Me gustó.

El pasaje -que comienza por la excesivamente abusada frase “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos”-descifra para nosotros la manera en la que podemos relacionarnos con aquellos que son nuestras autoridades espirituales… tú sabes, líderes, pastores, diáconos, etc. Por supuesto, no quiero echarte a perder la bendición de llegar mañana viernes por la noche y escuchar el mensaje “en vivo” así que no te diré los detalles de lo que aprendimos… baste decir que al estudiar este pasaje durante los últimos días, Dios habló a mi corazón recordándome algunas cosas que ya sabía y enseñándome otras que nunca había considerado. Es que para el Rey no hay casualidades… de hecho, me maravillo al observar como orquesta diferentes circunstancias en nuestras vidas y se las arregla para que su propósito se cumpla… a esto le llamo yo “casualidades intencionales”… con Dios hay poco de casual y mucho de intencional, ¿no crees?.

Cuidado con los malos pastores. Al estarme preparando, leí algunos reportes de lo que dicen las personas que han estado bajo la enseñanza/ministerio de algunos “grandes” (léelo con un marcado tono de sarcasmo, por favor)… y encontré bastante información triste, pero valiosa. Alguna de esta información señalaba las malas prácticas realizadas por los abusadores del púlpito… a veces, dan ganas de echarse a llorar. Espero que no conozcas a ninguno personalmente aunque las probabilidades de haber al menos escuchado de más de un pastor que además de ser abusador sea manipulador y mentiroso son altas… la pregunta es ¿debes sujetarte a un mal pastor?
La respuesta es “no”.
Más información mañana por la noche.

Por el momento debo decir que si tienes un buen pastor, confía tu vida espiritual a él, ora por él y ten la paciencia para seguir adelante. Hazlo intencionalmente, porque estas cosas no suceden “casualmente”. Como ves, es una fórmula práctica y sencilla… pero lleva mucho fruto y vale la pena.

Por cierto… creo que hay muchos buenos pastores… son hombres a quienes admiro y respeto profundamente por su constante apego a los estándares bíblicos para el ministerio… así mismo, conozco a uno u otro debajo de quienes no pondría mi vida espiritual o la de mi familia en riesgo. Son un desastre.
¿Nombres?… no vale la pena.
Seguir bajo su ministerio… ¡tampoco!
Allí te dejo la inquietud…

 

Nos vemos mañana.

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